Buscar en nuestras publicaciones:

La cobardía de Occidente

sauditasGEORGE CHAYA

Hoy podemos decir que es un día escandaloso para el mundo islámico, una jornada que hace mucho daño a los propios musulmanes.  La decisión de Arabia Saudita de implementar como una Sharia (Ley) "la pena de muerte para todo aquel que ingrese al reino con una Biblia" es una decisión infortunada e hipócrita.

Imaginemos si en los países occidentales se tomara una medida en reciprocidad y esa pena se aplicara a cualquier creyente del Islam si es sorprendido ingresando un Corán. Seria patético, perverso y escandaloso. Sin embargo, Europa y el resto del mundo occidental mantienen un ruidoso silencio al respecto.

¿Qué ocurrió con esas personas que sostienen “no estoy de acuerdo con lo que dice pero defenderé su derecho a expresarse”?, ¿dónde están? De vacaciones tal vez.

Estoy seguro que cada persona que siga las noticias sobre Oriente Medio profundizara más aun su posición de equiparar al Islam con la violencia, porque cada vez que hay una crítica muchos desde el Islam responden con violencia pero con una medida como esta, Arabia Saudita ha demostrado claramente una posición violenta que perjudica seriamente la visión del Islam en los occidentales, muchos de los cuales ya creen que el Islam sin violencia es como una omelette sin huevo, o que es una religión de paz tanto igual como Corea del Norte es una República Democrática. Aunque todo esto no nos sea permitido decirlo porque es allí donde surgen los ataques y las amenazas de violencia es imposible soslayarlo.

Para ser justo, personalmente diré que elogiare a los miles de musulmanes bien intencionados que -espero- repudien esta ley saudita, ellos deberían ser los primeros interesados por el perjuicio a su imagen ante el mundo moderno.

Sin embargo, hay que decirlo, desprecio profundamente a los gobernantes “del mundo libre” que se arrastran como verdaderos dhimmis corriendo como conejos de aquí hacia allá en sus siempre reiteradas disculpas a los extremistas hasta hundirse en la cobardía de su ruidoso silencio” para no “ofender al Islam”. Cuando en realidad nada hay de ofensa, y de lo que se trata es de la defensa de los buenos creyentes a quienes esta medida coloca en la frontera de la barbarie, secuestrando su fe y su religión.

La clase política de Occidente se mantiene callada y el mensaje que envía es que -después de todo- no defenderemos los valores en los que creemos o en los que decimos creer ya que la intimidación, el miedo y la violencia los convierten en silenciosos pusilánimes. Allí se entiende el espectáculo cobarde de la ministra de exteriores suiza, quien tiempo atrás se denigro a sí misma y a su país cuando se colocó el velo para reunirse con dirigentes saudíes y luego con iraníes en lo que significó un acto de traición barata a las miles de mujeres valientes que han sido asesinadas por esos gobiernos violentos a nombre de su religión y sus leyes.

Hechos como el de la ministra suiza son los que permiten que en cada democracia haya grupos de islamistas agresivos como elementos de presión financiados generalmente por Arabia Saudita que dice hablar por todos los musulmanes del mundo, pero que en definitiva hablan y representan una banda de fanáticos como ellos mismos y que no dudan en insultar la cultura occidental etiquetándola de inmoral mientras se muestran como victimas oprimidas y no como los opresores que realmente son sabiendo que si repiten frecuentemente la mentira la gente la creerá.

Lo cierto es que Occidente no comprende que el señor Goebbels legó esta estrategia y que los aspirantes a autores del nuevo holocausto aprendieron muy bien la lección.

Afortunadamente no me posiciono como anti nada, pero cuando atacan mi cultura y forma de vida es bien diferente, porque agreden a mis valores, pretenden socavar mi sentido de identidad y violan mis derechos humanos. Por eso sostengo que esas personas deberían ser consideraradas como ideólogos y autores del crimen de odio y ser procesados por la justicia internacional.

No tengo dudas al momento de calificar esas conductas, creo firmemente que son irracionales y paranoicas, y hay una sola palabra para describirlas: “fobia a la civilización”. Y englobo varias fobias distintas de estos sujetos a mi primera definición. Entre ellas la eleuterofobia o miedo a la libertad; la epistemofobia o miedo al conocimiento; la prosofobia que es el miedo al progreso; la centofobia, el miedo a lo nuevo; la querofobia que es un enorme miedo a la alegría y, la peor de todas las fobias que manifiestan: la ginefobia, portadora de un inmenso miedo y rechazo a la mujer.

Por ello, cuando Usted, apreciado lector, escuche hablar de islamofobia, piense y aplique criterios. 

Tomado de eldiarioexterior.com