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Nuevos paradigmas de desarrollo

EDUARDO BOWLES

La caída de los precios de las materias primas ha comenzado a generar estragos en América Latina y el peor de ellos es la caída de la inversión extranjera, un 16 por ciento en promedio, con casos extremos como el de Argentina (42 por ciento), Bolivia (63) y Venezuela (88).

Decimos que es lo peor que nos puede pasar porque nuestro continente parece no tener otras alternativas, pues sin capitales externos no existe la posibilidad de generar actividad económica importante, mantener los niveles de crecimiento, crear empleo y obviamente todo lo que ello significa en términos sociales.

Para darnos una idea de la fragilidad de nuestros países, traicionados nuevamente por las élites “revolucionarias” que prometieron soberanía en todos los sentidos, mientras que la crisis petrolera provoca un crecimiento de los ricos en todo el mundo, en América Latina se observa una reducción, luego de una década dorada de grandes millonarios, coincidente con el auge de las materias primas.

Se trata de lógicas distintas: en todas partes se impone la clave de la innovación, el valor agregado y la transformación y nosotros seguimos en la ruta del extractivismo, la recolección, la economía primaria que nos vuelven a poner patas para arriba en la rueda de la fortuna en la ruleta de la dependencia.

Ojalá fuera nada más seguir con el círculo vicioso de las vacas gordas y flacas que nos lleva a “disfrutar y aguantar y a cascarle cuando hay”, como dice la cueca. En eso, los gobiernos populistas e izquierdistas que han estado tan vigentes en la última década en el continente también fueron convincentes, pues paralelo a sus discursos que propugnaban la independencia económica, se lanzaron de lleno al ecologismo porque sabían que el cuarto de hora se nos acaba, que las tierras fértiles se están volviendo desiertos y lo que nos quede, terminará a expensas del cambio climático.

Pero todo eso ha sido abandonado. Aquellos que en su momento renegaron de Dios y la religión, desde Maduro hasta Castro, no dejan de rezar ahora para que suban los precios del petróleo, para que se recuperen los minerales, la soya y el café, para que le vaya bien a los chinos, a los hindúes y demás capitalistas que sí han sabido aprovechar los vientos del progreso y la modernidad. Al mismo tiempo contradicen sus propuestas ambientalistas al extremo de renegar de los postulados universales como frenar la tala de bosques, reducir la emisión de gases que incrementan el efecto invernadero y se enfrascan en planes desarrollistas depredadores con el objetivo de incrementar la explotación de recursos naturales y aumentar la producción para contrarrestar los bajos precios.

Parece lógico lo que dice el presidente Morales cuando afirma que nuestros países no se van a convertir en los guardabosques del planeta, pues tienen derecho a hacer lo mismo que hicieron los países desarrollados con sus recursos naturales en los dos siglos pasados. El problema es que con esa mentalidad, no solo estamos ayudando a aniquilar un patrimonio natural que hoy se puede aprovechar de otra manera y con mejores resultados, sino que nos estamos alejando de los nuevos paradigmas de desarrollo que están en boga y que más pronto que tarde nos dejarán como parias.

Tomado de eldia.com.bo

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