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Los muros del centralismo

EDUARDO BOWLES 

Es paradójico que el Ministerio de Propaganda del Estado Plurinacional esté difundiendo un anuncio ponderando la visita del papa Francisco a Bolivia, cuando en los hechos, nuestros gobernantes han estado haciendo todo lo contrario a los consejos que nos regaló el pontífice.

“Diálogo”, “Construyan puentes”, “No levanten muros”, “Acérquense a la gente”, “Actúen con misericordia”, “Primero los pobres”. Palabras sencillas y muy concretas de un hombre que se declaró partidario del cambio, pero que también advirtió del peligro de que las revoluciones se acaben en conceptos, en burocracia y en ideologías que no hacen más que apuntalar dictaduras.

Se ha repetido hasta el cansancio que el drama de Potosí y de Bolivia en general es la fragilidad de su economía que depende de un solo producto para sobrevivir, de una estructura productiva tan dependiente e insostenible. Pero hay algo peor que eso y se trata del centralismo político que ignora y desdeña las verdaderas necesidades de la periferia, en este caso, de la región más deprimida del país, cuyo esplendor se terminó justamente cuando el poder se trasladó de Sucre a La Paz.

El centralismo dice sin ningún empacho que no hay nada que dialogar con Potosí, porque ya hizo todo lo que había que hacer en ese departamento, donde fue precisamente el Gobierno central el que fijó las prioridades, las mismas que pasan por la reproducción del poder y no así por las verdaderas necesidades de la gente, que requiere trabajo, medios de vida que no se esfumen cuando se revienta una burbuja financiera y un liderazgo genuinamente revolucionario, muy distinto al que denigra, insulta, divide y anda lanzando estrategias mediáticas distractivas, falsos diálogos e inaugurando canchitas de fútbol, simplemente por el gusto de provocar.

El centralismo controla más del 85 por ciento de los recursos del país y aún así se da el lujo de recortarles fondos a las gobernaciones y municipios. Esta forma de organización tan nefasta impide el florecimiento de liderazgos locales, no deja lugar a soluciones reales tomadas por los ciudadanos, pues todo es controlado por el caudillo, el único que puede diseñar proyectos, que destina fondos, que aprueba y justamente cuando le piden diálogo, se niega, porque no tiene respuestas a los problemas y solo en ese caso manda a los potosinos a reclamarle a los alcaldes y al gobernador.

Los potosinos quieren al presidente porque es el único que puede decidir sin consultar a nadie, que puede cumplir. Ellos saben que en este país sirve muy poco buscar otras instancias, conocen muy bien que las autonomías que han diseñado son de mentira, que los alcaldes son advenedizos porque un día los meten presos y otro día los derrocan y el que se niega al servilismo corre el riego de caer en la ignominia política o en la muerte civil.

En Potosí saben que cuando el centralismo está ávido de poder es capaz de darlo todo, de repartir plata, derrochar, nacionalizar a favor de los cooperativistas, tolerar la invasión de minas y engrosar las planillas de las empresas estatales y distribuir pegas a raudales. Eso es lo que están buscando ahora, cuando los centralistas ya encontraron otras fuentes donde alimentar su angurria.

Tomado de  eldia.com.bo 

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