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¿Se salvó Chile?

AXEL KAISER 

Muchos piensan que el reconocimiento de la presidenta Bachelet de que su programa socialista es inviable implica un retorno al pragmatismo que ha caracterizado el desarrollo del país en las últimas décadas. De ahora en adelante, creen, el camino será más moderado y el sistema se habrá salvado. En el corto plazo esto puede ser relativamente efectivo. Parece que la idea de una nueva constitución será postergada, la reforma tributaria mejorada, la gratuidad universal de educación superior aplazada y así sucesivamente.

Pero no hay que engañarse. La izquierda no ha renunciado a su ideología y por tanto intentará nuevamente llevarla a la práctica. Avanzar tres pasos para retroceder dos siempre fue la máxima del socialismo. Y la oposición, desorientada intelectualmente, ha celebrado una y otra vez el logro de hacer retroceder a la izquierda dos pasos sin percatarse de que la verdadera ganadora es ella que avanzó un paso en la construcción de su programa.

El problema fundamental en esta discusión es que la hegemonía cultural se encuentra impregnada de igualitarismo, lo que es lo mismo que decir, socialismo. Pocos, incluso en la llamada derecha, creen en una filosofía política y económica liberal y están dispuestos a defenderla. A nivel de medios y población la retórica antiempresarial, la condena del lucro, la estatolatría y todas esas cosas permanecerán salvo que se haga un intenso trabajo de penetración cultural e intelectual en orden a reinstalar las ideas y valores de la sociedad libre como parte del sentido común nacional. La tarea está, por lo tanto, recién comenzando.

Nada más ingenuo que creer que si Piñera o alguien de derecha gana la próxima elección el país se salvó. La izquierda más dura seguirá trabajando por desmontar los pilares del sistema y perfectamente podría volver al poder con un programa refundacional renovado, especialmente si un gobierno de derecha no logra revertir el deterioro económico que ha puesto en marcha las reformas de este gobierno. Para prevenir eso es fundamental entender que de lo que se trata es de ganar una batalla que se juega a nivel de la consciencia de las personas. De ahí que el concepto de hegemonía, que es el conjunto de creencias y valores que predominan en una sociedad, sea tan relevante.

Una sociedad en que la igualdad se convierte en el principio rector de la discusión pública como es el caso del Chile actual necesariamente debe avanzar, rápida o lentamente, por el camino estatista que destruye el progreso. Para evitar eso quienes desean preservar un sistema de libertades deben convencer a la mayoría de que ese sistema libre no solo es el mejor para todos desde el punto de vista de sus resultados sino el más justo. Y eso no es fácil cuando no se tiene ni claridad de ideas, ni el coraje ni los recursos para defenderlas.

Aquí hay que aprender de la izquierda, pues esta tiene ideales claros y, más importante aun, tiene el coraje para defenderlos lo cual es bastante dudoso en la derecha que parece reaccionar solo cuando sus intereses se ven amenazados. Antes tiende a acomodarse al discurso dominante, transa sus ideas y principios y trata de hacerse popular volviéndose "progre". Toda esta cuestión es fatal incluso desde el punto de vista de su propio interés, pues mientras cree que todo anda bien siguiendo el camaleonismo político e ideológico, lo que en realidad está haciendo es contribuyendo a socavar las bases culturales que permiten la subsistencia de las instituciones que tanto valora.

En suma, no es con intereses sino con ideales y con convicción en ellos que se debe defender un sistema de libertades. Y es que, como bien dijo John Stuart Mill, un hombre con un ideal es una fuerza social más poderosa que noventa y nueve que solo tienen intereses.

Tomado de df.cl

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