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Lo que los técnicos keynesianos no ven

VÍCTOR PAVÓN 

Ahora que el gobierno se decidió, afortunadamente, en dejar sin efecto su intención de elevar el tope del déficit fiscal, se requiere de una mirada desde otra perspectiva. La economía del país se encuentra supeditada a auges y contracciones porque se insiste en la economía de la demanda, o lo que es lo mismo, la versión keynesiana de la expansión del gasto y el crédito estatal para salir del estancamiento.

Esta teoría, por cierto nada novedosa, supone que el Estado es un agente dinamizador de la economía cuando sobrevienen las crisis. Se cree así que la caja estatal es más importante que el mercado libre o “amplio orden de cooperación social” como lo definió F.A. Hayek, Premio Nobel de Economía y filósofo de la libertad.

El exacerbado interés por la caja se debe a la notable influencia en el pensamiento económico de la teoría keynesiana, aquella que considera que las medidas anticíclicas, como el intervencionismo fiscal, monetario y cambiario, son necesarios para impedir que la economía caiga en recesión. Los técnicos no ven que sus políticas anti-cíclicas son las que profundizan todavía más las crisis.

Los técnicos, todos ellos muy bien formados en su teoría, están enceguecidos por sobrevalorar el rol de los gobiernos en la economía y terminan por olvidar e ignorar que no hay inversión sin ahorro previo, y esta elemental ecuación solo puede originarse en el sector privado. Por supuesto que a los políticos les viene como anillo al dedo las sugerencias de estos técnicos. Cuanto más Estado exista y metido en todo, más recursos se repartirán bajo la batuta del populismo y la corrupción.

Fue así que como los técnicos keynesianos lograron el crecimiento desmesurado del Estado bajo la presión de poderosos grupos de interés, encabezados por los mismos políticos que han hecho de los gobiernos una fuente inagotable de las más escandalosas riquezas mal habidas.

Convertido el Estado en una gran piñata, basta con darle un manotazo para que caigan los caramelos a repartir. Este modelo no puede sostenerse en el tiempo. Y así ocurrió. El keynesianismo con todos sus mejores técnicos ya no pudieron detener lo que se inició desde los años 1970 cuando muchos países, incluso desarrollados, cayeron en lo que se conoce como “estanflación”, una mezcla de recesión, inflación y desempleo. Hasta hoy día, las crisis de orden global están relacionadas a esta línea de pensamiento.

Los técnicos cultores de la economía de la demanda prefieren las políticas anti cíclicas sin detenerse a mirar sobre quiénes finalmente recaen los costos de sus intervenciones al mercado. Los técnicos keynesianos no ven que la continua y periódica desaceleración de las economías se debe a la incomprensión y hasta ignorancia de una de las más sencillas pero profundas leyes de la economía, la de Say, por el cual no puede haber demanda sin oferta, esto es, cuanto más bienes se produzcan, más bienes se demandarán, afectando a todo el mercado.

Los técnicos keynesianos en realidad no quieren ver porque les encanta “dirigir” la economía —lo que es un despropósito— es que son ellos los que tienen en sus manos dar el golpe de gracia contra el estatismo mercantilista de la tramitología, un fastidioso enjambre de procedimientos en cada oficina estatal. Los técnicos keynesianos deberían aprender de una vez por todas que las crisis las han creado ellos mismos y que dejen de estorbar a los emprendedores con menos tributos y tanta burocracia que inhibe el ahorro, ahuyenta la inversión y la creación de nuevas empresas.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org

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