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Milton Friedman y el poder de las ideas

VÍCTOR PAVÓN 

El legado de Friedman ha sido fructífero a la hora de contrarrestar las temibles influencias de las ideas colectivistas, llámese socialismo, comunismo, fascismo o socialdemocracia, que subordinan al individuo frente al Estado. Friedman fue el mentor intelectual de uno de los hechos más impactantes del siglo pasado, la “revolución conservadora” liderada por Ronald Reagan en EE.UU. y Margaret Thatcher en Inglaterra.

Un poco más en esta época, son parte del legado friedmaniano varios países que lograron economías prósperas como el caso de Hong Kong, pasando por Singapur, Nueva Zelanda, Australia, Mauricio y hasta Chile que promovieron exitosamente políticas de liberalización, privatización, control de la inflación, contención del gasto, etcétera y hasta reformas educativas.

En la dura e interminable batalla por las ideas, este hombre de pequeño porte físico nacido en el seno de una familia de inmigrantes pobres, desde su juventud se destacó por su coherente prédica por la “Libertad de elegir”, nombre de uno de sus libros leído por millones de lectores en todas partes del planeta. Hace cuarenta años atrás —y todavía sigue— en las universidades y centros de estudio se predicaba con gran pasión que los gobiernos debían tener un rol protagónico en la economía. Esto de hecho se puede probar con el peso del Estado como porcentaje del producto en los países del primer mundo, que pasó de alrededor del 10 por ciento a comienzos del siglo XX a 50 y hasta 70 por ciento en las últimas décadas.

Contra esta equivocada tendencia se opuso Friedman, una corriente difícil de contrarrestar debido a que casi todos los economistas y políticos fueron seducidos por la magia del keynesianismo. Friedman fue precisamente el más destacado científico que ayudó a comprender mediante la ciencia económica el valor de la libertad económica y el Estado de Derecho como los cimientos necesarios para salir de la pobreza y combatir efectivamente la corrupción.

Con la sencillez del sabio, Friedman refutó las ideas convencionales e interesadas en mantener a lo que él llamó como “la tiranía del status quo”. Reivindicó las enseñanzas del filósofo y fundador de la economía moderna, Adam Smith, quien en sus obras abogó en favor de la gente común, la que todos los días trabaja y labra su futuro para el mejor bienestar de sus familias exigiendo que los gobiernos se hagan cargo de sus funciones de garantizar la vida, la libertad y la propiedad, la trilogía liberal del laissez faire.

Friedman promovió una economía para la gente, aquella que el Papa Francisco sugirió recientemente en su visita a nuestro país cuando habló de una “economía con rostro humano”. No en vano insistía Friedman que la mejor manera de crear y distribuir riqueza, no está en proteger a la gente con leyes a favor del consumidor y del trabajador; sino que esa protección se da en la libre competencia que obliga a los emprendedores y empresarios a buscar la satisfacción del público mediante más y mejores bienes y servicios y al menor precio.

Como acertadamente dijo el Ing. Porfirio Cristaldo Ayala: “Somos muchos los que tuvimos la suerte de aprender con los numerosos escritos del maestro, y serán más lo que habrán de hacerlo en el futuro”.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org 

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