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"Conspiración": la coartada del socialismo del siglo XXI

CARLOS SÁNCHEZ BERZAIN 

El mensaje principal del Socialismo del Siglo XXI es “conspiración”. Los jefes de gobierno de Venezuela, Ecuador, Bolivia, Nicaragua… hacen incesantes y repetidas denuncias de conspiración ante la crisis económica, social y política que han generado con su sistema anacrónico, su ineptitud y su corrupción. La acusación de conspiración, la fabricación de conspiraciones, es nuevamente la coartada de los gobiernos no democráticos para pasar de responsables a víctimas, justificar la represión, manipular la crisis de la que son autores y mantenerse indefinidamente en el poder.

Conspiración es la unión de varias personas contra un superior o un soberano, se trata de “una o varias acciones realizadas por varias personas con el ánimo de unirse contra autoridad superior para arrebatarle el poder…”; es un complot, un acuerdo secreto entre varias personas destinado al derrocamiento de un gobierno o cualquier otro tipo de poder. Se tipifica cuando “tres o más personas se reúnen para cometer delitos de rebelión o sedición”. En doctrina del derecho penal es uno de los actos preparatorios del delito.

No hay conspiración cuando los ciudadanos reclaman por sus derechos fundamentales pretendiendo ejercer su libertad de expresión; cuando la prensa busca libertad; cuando líderes cívicos, indígenas, políticos y religiosos exigen al gobierno respeto a su derecho de asociación, a emitir libremente sus ideas, a la propiedad; cuando los ciudadanos se movilizan para reclamar por los atropellos del gobierno; cuando denuncian la corrupción del gobierno, el enriquecimiento ilícito y exigen que cese la impunidad. El ejercicio de la libertad y los derechos fundamentales del ser humano no son conspiración, porque no conspira el que se defiende, no conspira el que reclama lo que es suyo ante quien se lo arrebata, no conspira la víctima que acusa al verdugo y que trata de liberarse.

Desde hace 56 años la dictadura castrista en Cuba ha hecho de la conspiración, de su simulación, organización y denuncia, uno de los pilares de su metodología para perpetuarse en el poder. El imperialismo norteamericano es desde hace más de medio siglo el centro y el elemento imprescindible de las maniobras castristas de conspiración que han servido para eliminar y encarcelar opositores, realizar purgas, pero sobretodo, para someter por el terror al pueblo y buscar solidaridad internacional. Hoy los países de la órbita castrista, ejecutan la misma estrategia de la conspiración como coartada. Se trata de denuncias urdidas, falsificadas, digitadas desde el poder dictatorial que es el que en verdad conspira permanentemente.

Con el modelo castrista, los jefes de los estados socialistas del siglo XXI han concentrado todo el poder para permanecer indefinidamente en el gobierno, reemplazando la legalidad por un sistema de normas represivas que violan los derechos humanos. Buscan silenciar los reclamos populares por el derecho a la vida, a la comida, al trabajo, a la seguridad, a la libertad, a la igualdad ante la ley, por la defensa de los territorios indígenas y protegidos, contra las detenciones indebidas, contra las leyes mordaza, contra impuestos arbitrarios, por la liberación de los presos políticos, por los exiliados y desterrados, por justicia independiente y contra la corrupción. En el sistema del Socialismo del Siglo XXI, el pueblo soberano, no puede pretender defender o recuperar la libertad y la democracia.

Reclamar por los derechos fundamentales no es conspirar; exigir elecciones limpias y sin fraude no es conspiración; acusar a los corruptos no es conspiración; exigir pan y trabajo no es conspiración; pensar diferente y emitir libremente las ideas no es conspiración; criticar al gobierno no es conspiración; ejercer actividad política no es conspiración; demandar libertad de prensa no es conspiración; reclamar por la separación e independencia de los poderes públicos no es delito; ¡es democracia!

La acusación de conspiración en los países sin democracia es una “institución dictatorial” para confundir, atemorizar, perseguir, reprimir, encarcelar, exiliar y matar. Solo basta revisar las veces que Castro, Maduro, Correa, Morales… han denunciado conspiraciones y lo que ha sucedido después. Es la estrategia dictatorial de la conspiración como coartada, como farsa y como pretexto. Es parte de la técnica castrista para mantenerse en el poder. Es la conspiración permanente de quienes pretenden estar por encima de la libertad de los pueblos, pero que hoy tiene la debilidad de que la gente ya lo sabe, ya no les cree y les está perdiendo el miedo.

*Abogado y Politólogo, Director del Interamerican Institute for Democracy