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Liberalismo y cooperación

JAVIER PAZ

Mucho se critica al liberalismo con el argumento que promueve el egoísmo y limita o elimina la cooperación entre los seres humanos. Nada más falso. El liberalismo se basa en la cooperación de hombres libres.
En La Riqueza de las Naciones (1776), el filósofo escocés Adam Smith explica como la división y la especialización del trabajo, aumenta la productividad y permite que todos, mediante el comercio disfruten de una mayor cantidad de bienes de los que pudieran proveerse por sí mismos. Es decir, la sociedad está mejor servida si unos se especializan en hacer pan y solo producen pan, otros se especializan en hacer ropa y solo producen ropa y luego intercambian sus productos entre sí. Por el contrario, sin división del trabajo ni comercio (es decir, sin cooperación), cada quien tiene que producir su propio pan y su propia ropa, con lo cual disminuye la eficiencia y la productividad. Smith mostró cómo se puede lograr el bien social a través de la búsqueda del propio interés.

Para demostrar estos principios solo hace falta notar que los objetos personales que poseemos como ser anteojos, celulares, computadoras, zapatos, pantalones, libros, muebles, lámparas, etc. no han sido hechos por uno mismo. De hecho las cosas que nos rodean han sido fabricadas por miles de personas en todo el mundo. Esto es un ejemplo de cooperación a nivel mundial. De hecho, la globalización – que ha elevado la productividad y ha mejorado los niveles de vida de millones de habitantes – no es más que la aplicación de los principios de Smith.

Por ello el liberalismo promueve y defiende el libre mercado a nivel global. Las medidas proteccionistas reducen los beneficios de la división y especialización del trabajo, reduciendo así la capacidad de consumo. Pero el comercio no solo es una forma de cooperación, sino que también promueve la paz. Los Estados con fuertes lazos comerciales son menos proclives a entrar en un conflicto bélico mutuo.

Además un sistema liberal estimula la cooperación en niveles más locales y personales. Son innumerables los ejemplos de sociedades libres, donde los ciudadanos sin coerción ni participación del Estado han creado cooperativas de ahorro y crédito, de servicios públicos, escuelas y universidades, entidades de beneficencia, y una serie de instituciones privadas de ayuda mutua. La misma empresa privada solo es posible mediante la cooperación de sus miembros. El incontrastable hecho de que la empresa privada es más eficiente que el Estado, y que los Estados con tendencias liberales son más eficientes que los Estados con tendencias socialistas es una prueba más que la cooperación entre los miembros de la sociedad es proporcional al grado de libertad que gocen.

* Máster en economía

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