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El Papa en las Américas

IAN VÁSQUEZ 

Luego de que Cuba y EE.UU. anunciaron un deshielo en sus relaciones el diciembre pasado, el artista cubano conocido como El Sexto fue encarcelado por planear un acto que llamó “Rebelión en la granja”. Iba a soltar dos puercos en el Parque Central de La Habana en los que pintó los nombres Fidel y Raúl.

Es posible que, de haberse realizado, el pueblo cubano hubiera capturado y devorado a los dos cerdos, pues la escasez de alimentos es un problema severo en la isla comunista. El destino de Fidel y Raúl sigue siendo una interrogante, pero El Sexto permanece detenido sin cargos formales. Desde que se empezaron a normalizar las relaciones bilaterales, la disidencia cubana ha reportado un aumento en la represión. Según la independiente Comisión Cubana de Derechos Humanos y Reconciliación Nacional, hubo 768 arrestos políticos tan solo en el mes de agosto.

Hoy día llega a La Habana el Papa Francisco, quien fue mediador clave entre Cuba y EE.UU., país al que viajará luego. Líderes disidentes dicen que se sienten abandonados por la Iglesia. El cardenal cubano Jaime Ortega, por ejemplo, declaró recientemente que Cuba no tenía prisioneros políticos. El pontífice, por su parte, no tiene programada una reunión con la oposición cubana dado que la visita es “eminentemente pastoral”, y no política, según la Santa Sede. Aun así, el Vaticano anunció que espera que la visita ayude a que EE.UU. levante su embargo y ha puesto en agenda un discurso del Papa ante el Congreso estadounidense.

No hay manera de que los mensajes de un Papa, donde sea que viaje, además de espirituales, no sean en algo políticos. Las posturas del Papa Francisco en contra del “sistema económico dominante” del mundo, es decir, el mercado, no solo son reflexiones morales, sino también implican cambiar las políticas públicas. La revista británica The Economist por eso se pregunta si el Papa aprovechará este viaje para denunciar a los regímenes autoritarios de izquierda en América Latina con la misma fuerza moral con que ha denunciado al capitalismo proveniente del norte.

Hasta ahora, el Papa se ha quedado callado respecto a la condena a prisión del líder opositor venezolano Leopoldo López. Sus críticas al endurecimiento del régimen chavista y a los abusos de la dictadura cubana han sido tibias. Ojalá denuncie desde Cuba las violaciones a los derechos humanos que infligen el régimen y sus aliados a sus propios pueblos. Después de todo, la normalización entre Cuba y EE.UU. debería debilitar el relato de víctima que maneja Cuba y facilitar críticas al régimen por parte de destacados latinoamericanos como el mismo Papa.

Una vez en EE.UU., el Papa planea criticar las crecientes actitudes antiinmigrantes. Será bienvenida su postura. Hay razones morales, económicas y sociales por las que el país debe liberalizar sus políticas inmigratorias. Desafortunadamente, el pontífice se equivoca al culpar al mercado por crear migrantes pobres que buscan entrar a los países ricos. La realidad es exactamente al revés. Los países con poca libertad económica tienden a producir pobreza y la gente tiende a migrar a países con mayor libertad económica. Solo basta ver la dirección de la migración entre Cuba y EE.UU.

No sorprende la equivocación. Las grandes declaraciones del papa Francisco sobre el impacto del mercado en la pobreza, la desigualdad mundial, la salud y otras áreas no concuerdan con los hechos. Solidarizarse con las victimas del autoritarismo latinoamericano le concedería mayor credibilidad y le haría bien a la humanidad.

Ian Vásquez es Director del Centro para la Libertad y la Prosperidad Global del Cato Institute.

Tomado de elcacto.org

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