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Agradecidos con James Buchanan

VÍCTOR PAVÓN 

Antes de los estudios de James Buchanan, Nobel de Economía en el año 1986, la política, y con ella la fiscal y la monetaria, partía del supuesto de que los dirigentes políticos y burócratas estaban guiados por los intereses generales de la sociedad. Esta idea por supuesto es antigua. Platón (428 -347 a.C) en sus obras justificó el logro del bien común desde el Estado por medio de la inobjetable sabiduría y desinteresada generosidad de los gobernantes.

Esta matriz intelectual, por cierto sumamente peligrosa para la libertad y la propiedad, sigue intacta en el presente. Hoy los "ingenieros sociales" o constructivistas al decir de F.A. Hayek, están mimetizados de políticos y técnicos cada vez más especializados. Cada vez más cerca del fisco, cada vez más lejos del individuo.

Este es el reciente caso del Ministerio de Hacienda y de la banca central que acompañados del Banco Mundial afirmaron al unísono que aquí en Paraguay se cuenta con amplio margen para elevar todavía más la deuda (hoy llega al 18 por ciento del Producto) y que el endeudamiento se está haciendo con prudencia.

Afortunadamente, con la moderna escuela de la Elección Pública de Buchanan, este discurso de tan encumbrados órganos "especializados" nos pone en alerta en defensa de nuestra libertad y propiedad. Eso de elevar la deuda y de la prudencia no es más que una manera ingenua de ver la política.

Para Buchanan es posible abordar mejor la política como un juego de poder desde el análisis de la metodología económica. El mercado y la vida política tienen incentivos que forman parte de la naturaleza humana. Esto básicamente quiere decir que los miembros de los gobiernos, de los partidos políticos y de los sindicatos, actúan buscando sus propios intereses, dejando de lado el tan mentado romántico interés común del cual se alardea cuando de medidas provenientes desde el Estado se trata.

Políticos y burócratas, en realidad, buscan afanosamente entrometerse en la economía para así lograr sus propias ventajas personales y electorales, ventajas que no toman en cuenta los efectos a largo plazo de sus decisiones. De este modo, el gasto, la deuda o lo bonos aprobados desde los diferentes órganos de poder para supuestamente beneficiar a la sociedad, las más de las veces no se corresponden con los genuinos intereses de la gente; más bien se aprueban por el aprovecho que se tiene a corto plazo porque les permite a sus hacedores mostrarse como benefactores sociales.

No es de extrañar que poco o nada importen los efectos a largo plazo de las medidas tomadas, como en efecto ocurre con las deudas y los déficits. Esto es precisamente lo que está ocurriendo con la deuda pública en nuestro país. Nuestros políticos y técnicos deberían saber que esa deuda, hoy “controlable” y contratada con “prudencia”, en realidad tiene consecuencias. Y estas consecuencias, además de económicas, son también morales. Cuando el gobierno se endeuda, ¿quién lo hace?... ¿el gobierno?..¡No! El que queda endeudado es la sociedad o mejor dicho los individuos, a quienes se traslada una importante suma de dinero a pagar en el futuro.

Cada vez que los políticos y burócratas continúan endeudándonos, los mismos deberían recordar que no están arriesgando sus patrimonios personales. Están cargando a futuro las cuentas que inexorablemente las vamos a pagar y esto nada tiene de prudente ni de generoso hacia los demás. James Buchanan hace rato que develo sus verdaderas intenciones.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org

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