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Siria: un dilema político para Vladimir Putin Y Recep Erdogan

GEORGE CHAYA 

La crisis en las relaciones entre Moscú y Ankara está dominando la política regional desde mucho antes del incidente en el que Turquía derribó el avión de guerra ruso cerca de la frontera con Siria el mes pasado.

El presidente ruso, Vladimir Putin cree claramente que los turcos dispararon a su avión como parte de un complot de la OTAN para advertir a Moscú sobre su injerencia en la guerra civil siria. Por su parte, el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, está convencido que los rusos generaron el "incidente" para esmerilar su poder, o mejor sería decir su ego.

Así, el primer elemento de este controversial ruso-turco es el choque de dos egos del tamaño del Everest (Putin y Erdogan). Ambos presidentes se ven a sí mismos como "grandes líderes en el sentido clásico de la política" y como "salvadores providenciales" de sus respectivas naciones. Ambos tienen ambiciones imperiales. Putin quiere revivir el imperio soviético tanto como le sea permitido por la comunidad internacional. Erdogan, pretende que Turquía sea el jugador más importante en la crisis en curso en Siria.

Los dos líderes piensan la política como se pensaba a principios del siglo de XX en materia de "proyección de poder", el ruso, a través de la expansión de su marina de guerra manteniendo las bases marítimas que fortalezcan el perfil militar de Rusia, lo mismo en el caso del Cáucaso y con la anexión de un 20 por ciento del territorio de Georgia, devorando Crimea en Ucrania y separando a Donetsk jugando la carta étnica-demográfica en los países bálticos y ahora, estableciéndose como único líder extranjero influyente en Irán, Siria e Irak.

Por otro lado, las ambiciones de Erdogan no son nuevas -han sido ampliamente publicadas en la prensa turca y regional- y también pueden ser catalogadas sin dificultad. El presidente turco quiere construir una amplia zona de influencia que incluye Siria e Irak, en gran parte para neutralizar "el sueño kurdo de desmantelamiento de la República de Turquía y la creación de un gran Kurdistán en los escombros de los estados turcos, sirios e iraquíes". Erdogan también quiere insertar a Turquía en la Unión Europea (lo que no le será fácil) poniendo a su país al servicio -y bajo el paraguas- de la OTAN como uno de los jugadores principales de poder en el Oriente Medio y el Levante.

En otras palabras, ambos hombres desean llenar el vacío dejado por la retirada estadounidense en materia de liderazgo a nivel regional bajo la presidencia de Barack Obama.

Tanto el presidente ruso como su homologo turco piensan que EEUU ya no es temido en el mundo árabe islámico, por lo que Rusia y Turquía esperan crear una galaxia de alianzas y asociaciones en torno de ellos. De allí que el incidente del avión Sukhov no fue más que una excusa para ambas partes.

Algunos expertos incluso creen que el avión ruso se desvió unos segundos de su ruta para ingresar en el espacio aéreo de Turquía a causa de una falla electrónica en sus mapas de vuelo que equivocaron las coordenadas suministradas por los sirios que consideran parte del territorio turco como "tierras usurpadas" pertenecientes a Damasco.

Los turcos consideran la zona donde derribaron el avión ruso como parte de una región en litigio a la que denominan Hatay; los sirios se refieren a ella como Al-Iskanderoun. Por lo tanto, es muy posible que todo el asunto del derribo haya sido el resultado de mala información y descoordinación. La ironía, es que en lo que se refiere a Siria, Moscú y Ankara tienen más puntos en común que aquellos puntos que los separan.

Sin embargo, el surgimiento en Turquía del movimiento islamista radical pondría en peligro no sólo el llamado "sistema secular", sino también al complicado mosaico de sectas religiosas y cofradías que se han visto obligadas a operar bajo la superficie dentro de la república kemalista. En este contexto es aún más sorprendente que Rusia y Turquía hayan tratado el denominado ISIS con guantes de seda hasta octubre pasado en que decidieron, por lo menos, mostrar al mundo que lo combatían.

Dejando de lado las acusaciones y contra-acusaciones que tanto Turquía y Rusia se benefician con la compra de petróleo al ISIS y la venta de armas a ellos, hay pocas dudas de que ambos se han abstenido de actuar en contra del "Califato".

TANTO TURQUÍA Y RUSIA SE BENEFICIAN CON LA COMPRA DE PETRÓLEO AL ISIS

Independientemente de sus negaciones cara a cara, es claro que el grueso de los "voluntarios" que combaten en ISIS ingresó a Siria a través de Turquía, tanto igual a que ISIS recibe una buena parte de sus suministros vitales a través de la misma ruta. Ankara ha sido la parte de atrás peligrosa de Bashar al-Assad, cuyo clan tiene una larga historia como clientes y socios de Rusia y, más recientemente, de la República Islámica de Irán.

Erdogan cree que será un jugador importante en la configuración del futuro de Siria y es allí donde radica el interés de Turquía, no en antagonizar con Putin, siempre que Rusia no entorpezca sus planes regionales.

Por su parte, Putin también es una "gran opción" en Siria, pero la primera de todas las opciones para sostener a Assad sigue siendo Teherán. Esto hace que haya pocas posibilidades de llegar a un acuerdo con las potencias occidentales sobre la crisis Siria.

Lo concreto es que más del 90 por ciento de los ataques aéreos rusos han sido dirigidos contra de los grupos que se oponen a Assad, y no a las fuerzas del ISIS. Al mismo tiempo, se ha tenido poca o ninguna acción contra el régimen de Assad, por parte de Turquía.

El derribo del avión de pasajeros ruso sobre la península del Sinaí por parte del ISIS fue una advertencia para Moscú y Putin no debería olvidar este hecho y sus implicancias. El régimen sirio también ha llegado a acuerdo tácito con Teherán, aliado de Moscú en Siria, y por medio del cual Irán no atacara objetivos iraquíes que no sean de los terroristas de ISIS. El jefe del ejército de Irán general Salami declaró días pasados a la prensa oficial del régimen de los Mullah que se acordó con Irak y con Siria preservar unos 50 kilómetros de "línea roja" en la frontera irania-iraquí bajo un pacto de no cruzarla ni efectuar ataques por parte de los efectivos militares iraníes, lo que permite que Irán utilice ese corredor seguro para transporte y logística hacia Damasco.

La pelea entre Rusia y Turquía complica una situación ya compleja. Después que los turcos le dispararon al Sukhov ruso, Putin tuvo que tragarse su orgullo y seguir adelante. Sabiamente, el presidente ruso limito su reacción a gesticulaciones diplomáticas ampulosas; Putin mandó incautar buques de carga turcos que llevaban pollos congelados a Rusia y ordeno a su parlamento la redacción de un proyecto de ley para repudiar y sancionar la negación del "genocidio armenio" como crimen de lesa humanidad. También mostró su mal humor negándose a reunirse recientemente con Erdogan durante la "Cumbre Climática" en París. Pero nada más que eso porque Putin sabe que ir más lejos es inapropiado en este escenario regional.

Después de haber alimentado sus respectivos egos es hora de que tanto Erdogan como Putin sigan adelante y, como el ex líder soviético Mijaíl Gorbachov sugirió la semana pasada en Bruselas, deben centrarse en los intereses comunes en lugar de sus vanidades heridas. Gorbachov ha hablado con sabiduría al recordar que tanto Moscú como Ankara están condenados por la geopolítica a acordar un modus vivendi.

Lo cierto es que ambos líderes necesitan una visión amplia y real en sus políticas hacia Siria y responderse una serie de preguntas. A saber:

¿Realmente piensan que el mundo puede tolerar una Siria en la que el "Califato" domine el escenario central? ¿Es posible volver a la situación anterior, con Assad en su lugar como si nada hubiera sucedido en los últimos cinco años como insiste Teherán? ¿Es posible excluir todo gobierno de Assad, como Erdogan parece soñar, o debería hacerse una alianza aun con residuales del partido Baaz de cara a una nueva Siria?

Siria es un caos tal que nadie puede soñar con lograr la victoria total. Erdogan no lo puede ver. Putin no puede aspirar a acabar con todos los opositores de Assad, es decir, al menos el 80 por ciento de los sirios. Y aunque la victoria total fuera posible y alguien ofrezca Siria a Putin o Erdogan en bandeja de plata, ¿qué van a hacer con ella luego?

La reconstrucción de una Siria rota va a costar miles de millones de dólares según las últimas estimaciones de la comunidad internacional. ¿Podría Putin y su economía en caída libre, pagar eso? Y por ultimo ¿Qué hay de Erdogan, que ahora vive de las limosnas de la UE?

Tomado de eldiarioexterior.com