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Economía productiva y financiera

VÍCTOR PAVÓN 

La ley del Presupuesto 2016 que obliga al Estado central a depositar los fondos públicos en el Banco Nacional de Fomento (BNF) de Paraguay tuvo el apoyo de casi todos los sectores políticos. Dicen sus promotores: ¿Cómo es posible que los bancos privados lucren con tanto dinero del pueblo? ¿Acaso no es mejor que dichos fondos sean administrados por el Estado, cuyo propósito es el bien social antes que comercial? En síntesis, ¿por qué dejar que tanto dinero siga en la economía financiera antes que en la productiva?

La separación entre lo productivo y lo financiero implica no solo desconocimiento acerca de cómo funciona el mercado de intermediación de dinero, sino también mala intención que sólo beneficia a los populistas que hablan supuestamente a favor del pueblo pero los sentencian a la marginalidad, la miseria y el resentimiento.

La economía productiva y financiera no son compartimientos estancos como se insiste. El mercado financiero tiene el rol de coordinar a los agentes económicos para que los consumidores accedan a los bienes que desean y de ese modo producir y elevar la productividad. Es el mercado financiero el que actúa como una herramienta de señal para los ahorristas de modo a que éstos se decidan a depositar su dinero sabiendo de los riesgos que toma para luego verse beneficiado en el futuro por los intereses que le redituarán su abstención de consumo presente.

A diferencia de lo que todavía muchos políticos pretenden hacernos creer, el mercado financiero privado es por lo tanto también productivo. El constante proceso de cooperación que se da entre ahorristas e inversionistas reditúa en beneficio de muchísima gente —entre los que se encuentran los menos pudientes— al menor costo posible.

En un ambiente institucionalizado en el que opera el sector privado bajo reglas de control y rendición de cuentas hacia sus clientes, los propietarios de las entidades privadas saben que sus buenas o malas gestiones recaen finalmente sobre sus patrimonios personales y empresariales.

El bancario propietario y sus gerentes son los que mejor saben acerca de cómo asignar los recursos debido a que obtienen beneficios y responden personalmente por las pérdidas, siempre y cuando no exista intervención estatal, tal como equivocadamente se ha hecho ahora con la ley del Presupuesto, obligando el depósito de los fondos públicos en el BNF.

Es la misma naturaleza económica del BNF el que conspira contra la eficiencia, el buen uso y la transparencia de los fondos que administra, más aún cuando por ley le ha sido adjudicada contra la Constitución Nacional recibir dinero sin tener que competir por el mismo.

El BNF está permanentemente acosado por los intereses políticos que permean sus decisiones. Se sobrevalora las directivas del gobierno de turno y de ahí que la gestión del burócrata del gobierno que juega a bancario no es empresarial. Tiene que el funcionario del BNF cumplir una “función social”, indescifrable expresión que le impide tomar decisiones de la empresa con eficiencia y racionalidad.

Los fondos públicos dirigidos a la banca estatal y por la coacción de la ley del Presupuesto es una forma de consolidar el monopolio inconstitucional en el uso del dinero. Es una nueva invitación a la corrupción y la arbitrariedad.

Víctor Pavón es Decano de Currículum UniNorte (Paraguay) y autor de los libros Gobierno, justicia y libre mercado y Cartas sobre el liberalismo.

Tomado de elcato.org

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