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Pagar impuestos

EDUARDO BOWLES 

El presidente llamó “patriotas” a los que supuestamente ofrecieron pagar más impuestos de lo que les corresponde. Lo mencionó a propósito del conflicto con los transportistas a los que llamó grandes empresarios y los emplazó a cumplir con sus obligaciones tributarias

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Esas afirmaciones tan sencillas encierran muchas de las equivocaciones que se cometen a la hora de hablar de impuestos. En primer lugar, ni aquí ni en la China existe alguien que esté dispuesto a pagar más de la cuenta y todo caso, siempre existe una tendencia a la evasión, que no es lo mismo que defraudación, aunque en Bolivia se trate ahora de criminalizarlo todo, hasta la incorrecta emisión de una factura. Todos son sospechosos y por ende sujetos de investigación y de sanción, como si la gente no supiera que sus aportes corren el riesgo de caer en las mismas manos que vaciaron el Fondo Indígena.

En ningún lugar debería ser considerado patriota el que paga más impuestos, sino el que produce más, el que genera empleos, el que expande los mercados y el que permite que haya trabajo, exportación, producción, maquinaria, movimiento económico. Y patriota es el Gobierno que ayuda a estas personas, que las considera amigas del país, de la ciudadanía y por supuesto del Estado que sobrevive gracias a los aportes de los privados que se mantienen en actividad. Antipatriota es el sector público que fastidia a esos emprendedores, que los obliga a irse del país, a cerrar sus puertas y a dejar a su gente sin empleo.

En lugar de hablar de ese falso patriotismo, deberíamos proponer que el Estado Boliviano haga dieta, que demuestre su amor a la nación, achicándose un poco, puesto que hoy tiene dimensiones elefantiásicas que lo hacen insaciable y que lo obligan a hostilizar a la gente a través del denominado “terrorismo tributario”. Y no estamos exagerando, pues el gasto público se ha duplicado en los últimos diez años y en este momento representa el 43 por ciento del Producto Bruto Interno, cuando lo racional debería rondar el 20 por ciento. Con un monstruo de ese tamaño no habrá dinero que aguante.

Existe también una equivocación cuando se los llama “grandes” a los transportistas y no es porque les falte tamaño, sino porque lo correcto debería ser catalogarlos como informales, y en esto también la opinión pública ha sido insistente con el Gobierno para que encare un verdadero proceso de formalización de la economía, pero la realidad es que por cuestiones electoralistas se tomó el camino inverso. Obviamente, los gremios del transporte, los vendedores de los mercados y otros sectores que han sido grandes aliados del “proceso de cambio” van a corcovear y es por eso que, tanto la ampliación del universo de contribuyentes, como el combate a la informalidad necesitan una labor integral y gradual. Tratar de hacerlo en pleno carnaval y justo cuando se viene el Referéndum es como para que el resultado sea un jolgorio.

Por último, si queremos que haya más gente dispuesta a pagar los impuestos que corresponde, hay que avanzar en la transparencia. Y en eso, la verdad es que el Gobierno nos queda debiendo a todos.

Tomado de eldia.com.bo

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