Buscar en nuestras publicaciones:

Desindustrialización boliviana

HUGO SILES

Después de 85 años de vida institucional de la Cámara Nacional de Industrias (CNI), ¿cuál es el estado de la industria manufacturera boliviana? ¿Hay una industria más productiva o un comercio más competitivo?

Hoy la industria participa con el 16% del PIB, invierte en promedio 240 millones de dólares por año, contribuye con el 18% de las recaudaciones tributarias y genera más de 650 mil fuentes de empleo.

En la gestión 2015 el crecimiento del sector industrial manufacturero descendió y se ubicó en torno al 4%, inferior al crecimiento registrado en 2014, que llegó al 4,2% y menor al crecimiento de 2013, que fue de 5,8%. La actividad industrial manufacturera ingresó a una fase de desaceleración.



Johannes Dobinger, de la ONUDI, señaló que el Valor Agregado Manufacturero Boliviano respecto del PIB cayó de 19,5% en 1991 a 13,1% en 2013. Bolivia ocupa el último lugar en el Índice de Desempeño Industrial en Latinoamérica. La desindustrialización y la sustitución del "Hecho en Bolivia” por importaciones manufactureras son evidentes.

El descenso en el ritmo de actividad industrial manufacturera, en la actual coyuntura, es producto del incremento de los costos de producción, en particular del incremento de los costos laborales por efecto del segundo aguinaldo y del incremento salarial que restan competitividad a la industria nacional frente a las importaciones.

La desaceleración industrial está impulsada también por la presencia masiva del contrabando de productos industriales y la gran informalidad que generan una competencia desigual y desleal con el sector formal manufacturero. El tipo de cambio fijo en Bolivia y la devaluación de las monedas en los países vecinos actúan como leños que incineran a la industria nacional.

En el marco de su 85 aniversario, la CNI realizó el Foro sobre Productividad Industrial, en el que se identificó a base del diagnóstico de crecimiento de Hausman, Rodrik y Velasco las cinco principales restricciones para el crecimiento del sector industrial boliviano:

Primero: Debilidad y discrecionalidad institucional. Se requiere fortalecer la institucionalidad pública con entidades públicas eficientes, transparentes y ágiles y un sistema normativo adecuado para la inversión, producción y generación de empleo productivo.

Segundo: Mercado nacional reducido. Se precisa abrir mercados tanto nacionales, pero fundamentalmente internacionales para la producción "Hecho en Bolivia”.

Tercero: Financiamiento productivo insuficiente. Es necesario canalizar financiamiento al sector productivo con el cumplimiento y reglamentación de la Ley de Servicios Financieros.

Cuarto: Parque industrial con rezago tecnológico. Es urgente realizar un salto tecnológico y capacitar al talento humano conectando la oferta de los centros educativos con la demanda manufacturera. "Se requiere talento, talento y talento”, señaló Emilio Uquillas de la CAF.

Quinto: Políticas macroeconómicas concentradas en la inflación antes que en el crecimiento. Es necesario priorizar el crecimiento económico y no sólo la estabilidad de precios con controles de precios y subsidios y restricciones a las exportaciones.

Si se alcanza a levantar las restricciones que frenan el desarrollo industrial, entonces la industria dejará a la sociedad con mayor cantidad de inversiones, mayor disponibilidad de productos, mayores aportes de impuestos al fisco, más empleo productivo y formal y más divisas para el país realizando un salto del 16 al 25% de participación en el PIB.

El objetivo del sueño industrial es tener una industria económicamente competitiva, socialmente responsable y ambientalmente sostenible.

Una industria altamente productiva debe ser acompañada de una nación con vocación competitiva. Entonces, subsiste la necesidad de profundizar la coordinación público-privada en, al menos, las cinco restricciones apuntadas.

Hugo Siles Espada es economista de la Cámara Nacional de Industrias.

Tomado de paginasiete.bo