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La fuerza de la Justicia

EDUARDO BOWLES 

Cuando se observa lo que ocurre en Brasil, donde jueces y magistrados hacen respetar las leyes y la constitución frente a los patéticos intentos de Lula Da Silva de mantenerse en la impunidad, se entiende perfectamente aquello que sostienen muchos entendidos: la primera necesidad de países como el nuestro, no es comida, techo o vestimenta, sino justicia. Sin este requisito es impensable afrontar cualquiera de los otros graves problemas que nos afectan.

Sin justicia no existen posibilidades de lograr gobiernos transparentes, es imposible luchar contra la corrupción y la pobreza, frenar los abusos del poder y poner a los políticos en sintonía con sus responsabilidades para que se vayan olvidando de que poder es sinónimo de saqueo, de ventajas, privilegios, y lo que es peor, de impunidad.

Gracias a jueces que han tomado en serio la defensa de la democracia, Lula Da Silva no pudo más que lograr 45 minutos de blindaje, tiempo que ejerció como jefe de gabinete del gobierno de Dilma Rousseff, en medio de una vergonzosa maniobra orquestada para proteger al exmandatario, quien debe responder por uno de los mayores escándalos de corrupción de la historia de Brasil. De nada han valido las amenazas, los insultos, las arengas y los estribillos de los partidarios, el máximo líder del partido gobernante tendrá nomás que sentarse en el banquillo, paso previo a su posible encarcelamiento y el de la presidenta actual, por supuesto. De ahí en adelante, todo puede ocurrir a favor del esclarecimiento del verdadero bandolerismo que se cometió en la petrolera brasileña Petrobras, convertida en un botín del Partido de los Trabajadores.

La mayor riqueza que se puede encontrar en el fenómeno que ocurre en Brasil, no sólo es la acción quijotesca de algunos jueces, sino el respaldo popular que hay detrás de estas acciones. Se ha dado el consenso en la opinión pública y en diversos sectores para llegar hasta lo último y eso se puede ver claramente en la reacción de los mercados bursátiles brasileños que se recuperan rápidamente cuando se aviva la guerra contra los corruptos. Tal vez por eso es que el propio Lula Da Silva ha confesado que por primera vez siente miedo de lo que vaya a pasar.

No cabe duda que con una justicia independiente se hacen posibles las grandes utopías de la democracia y la república, que funcionan tan bien en las naciones del norte europeo, en algunas partes de Asia y Norteamérica, donde la transparencia, el gobierno sometido al control de las leyes y el ejercicio del poder sometido al escrutinio público, se traducen en mejores estándares de bienestar para los ciudadanos.

Mientras esto ocurre en Brasil, donde la democracia recibe algo de oxígeno que nos regala esperanzas, en Bolivia se recurre a la patética propuesta de crear agentes encubiertos para espiar a los jueces y fiscales, ignorando de esa manera que en realidad la justicia en pleno responde a los lineamientos políticos hegemónicos y lo que verdaderamente ocurre es que la institucionalidad de este país se sigue resquebrajando hasta un extremo que asombra a los propios agentes de esta destrucción.

Tomado de eldia.com.bo

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