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Educación sobre la libertad (extracto)

VÍCTOR PAVÓN

El rol del Estado en la educación se basa en todos los países sobre tres aspectos bien definidos: 1) Una ley que exige la educación obligatoria; 2) los gobiernos financian la educación y 3) la administración educativa de las escuelas tanto económica como en su contenido pedagógico debe quedar a cargo de los gobiernos.

Estos tres aspectos son difícilmente justificables. Este ensayo tiene como objetivo tratar aquellos puntos antes mencionados. La educación es un tema demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos y burócratas. Esta aseveración no es una crítica desconsiderada hacia lo que hacen estos dirigentes; ocurre que si deseamos abordar el tema educativo de fondo entonces debemos zambullirnos en la filosofía y más precisamente en la epistemología.

La educación estatal actúa bajo el influjo del monismo gnoseológico, esto es, que se considera válido un solo modo de pensar y de comprender el conocimiento humano. Aquí estamos ante una contradicción en términos puesto que el mismo conocimiento por su característica es diverso, dual y disperso. Esta la razón por la que la Escuela Escocesa de la que provienen Hume, Smith, Mises y Hayek vieron como una amenaza el tener que centralizar las decisiones en un grupo de personas, aunque sean las más capaces porque sencillamente no pueden contar con todas las múltiples variables del conocimiento humano por su inmanente dinamismo.

De esto se deduce que los padres y maestros son mejores administradores de la educación de los niños y jóvenes y no precisamente los políticos y burócratas que fungen de técnicos y así exigen coercitivamente un tipo de educación con acuerdo a sus directivas.

Por lo demás, la educación no deriva de la instrucción como usualmente se la considera y así lamentablemente hemos relegado el papel fundamental de la cultura. Con la instrucción se aprende a leer, escribir y a contar, siendo una parte del proceso educativo, y es el que ha permeado como sistema en los países subdesarrollados como germen de autoritarismo.

La educación de la libertad es muy diferente. Es un proceso de aprendizaje que dura toda la vida y que no sólo tiene lugar en la escuela o la universidad; se inicia en el hogar y en otras áreas. Así, cuando el niño o el joven juega, o escucha a sus padres o amigos, o lee un periódico, o trabaja está siendo continuamente educado.

Una transformación de fondo requerimos en nuestros países acostumbrados a recibir del Estado, de los caudillos y jefes las dádivas del poder y que actúan sin rendición de cuentas. Aquí mucho tiene que ver la cultura y la educación de la libertad para evitar seguir por ese equivocado camino que inexorablemente convierte a las personas en ciudadanos serviles, sumisos y obedientes al poder de turno.

La educación de la libertad que propongo requiere de libertad expresada en su magnificencia porque cada ser humano es único con habilidades, intereses y aptitudes, lo que permite incrementar de manera exponencial su conocimiento, pero también -y esto es importante- permite aprender valores de tolerancia, respeto y a tomar decisiones propias.

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