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Terminemos con el cuento, los supermercados no generan inflación

IVÁN CARRINO

Estuve gran parte de la noche del viernes pasado discutiendo con un gran amigo mío sobre el tema de la inflación. A pesar de coincidir conmigo en las cuestiones más generales, él insistía con que era imposible que yo no le concediera que, al menos en algún punto, los supermercados eran culpables por la inflación que vivimos hace más diez años en la Argentina.

Ahora lo que sucede en el marco de un asado entre amigos es también una muestra del debate más amplio que se da en nuestra sociedad. Hace dos días participé en un debate televisivo en donde se intentó hablar sobre la inflación. Sin embargo, la discusión giró hacia las “ganancias extraordinarias” de los supermercados y la “injusticia” que representaba que la diferencia entre lo pagado por la materia prima y lo cobrado en las góndolas llegue a multiplicarse hasta por 10.

En la nota de hoy me gustaría diferenciar claramente ambas cuestiones.

La inflación es un fenómeno monetario. Lo que sucede cuando, al mismo tiempo, vemos que suben los precios del supermercado, pero también sube el precio del corte de pelo, el de las cuotas de los colegios, el de los alquileres, y el de los automóviles, es que el poder adquisitivo de la moneda está cayendo. El motivo detrás de esta caída es la excesiva cantidad de dinero que hay en circulación. O sea, de la misma forma que los tomates caen de precio cuando son demasiado abundantes, el dinero pierde valor cuando se fabrica en exceso.

En este sentido, el único responsable de la inflación es el gobierno a través de la política monetaria del Banco Central.

Otra cosa bien distinta es el margen de ganancia de los supermercados. A menudo se difunden análisis que relacionan lo que se le paga al productor del campo por su producto, con el precio que ese mismo producto tiene en la góndola del supermercado. A partir de estos datos, muchos concluyen que las ganancias de los supermercados son excesivas, injustas o irracionales.

Este análisis es por demás erróneo. En definitiva, cuando todos nosotros compramos en un supermercado, estamos haciéndolo por la utilidad que derivamos de ello. Cualquiera podrá entender que es más fácil comprar un kilo de papas “a la vuelta de la casa” que trasladarse hacia la ciudad de Balcarce, famosa por producir este tubérculo.

Así, dado que los habitantes de la ciudad están dispuestos a pagar por esta comodidad, los supermercados estás dispuestos a incurrir en una innumerable cantidad de costos adicionales para llevarle las papas, los zapallitos y los tomates, a la vuelta de sus casas. Entre esos costos están el transporte de los productos, los salarios de los empleados, el alquiler de los locales comerciales, el mantenimiento de las heladeras, el marketing y otros tantos costos que nadie tiene en cuenta cuando habla de las supuestas ganancias extraordinarias de las grandes cadenas de comercialización al público.

Una vez que uno incluye estos conceptos, las ganancias de los “súper” están mucho más en línea con las del resto del mundo de lo que se podría suponer, tal como reflejan sus estados contables.

Ahora bien, incluso cuando los minoristas tuvieran efectivamente ganancias excesivas, hay que señalizar que esto no tiene nada que ver con la inflación.

Imaginemos que de un día para el otro se decretara que los márgenes operativos de estos establecimientos comerciales deben reducirse a la mitad. Incluso cuando se lograra el cometido, no se bajaría la inflación, porque si la emisión monetaria sigue creciendo, y sigue perdiendo valor el peso, costos y precios seguirán subiendo por igual, sin importar la diferencia entre ellos.

Por último, tenemos que decir que en una economía de mercado no hay nada más deseable que las grandes ganancias. Después de todo, los amplios márgenes de beneficio de los empresarios que operan en un mercado son las señales que necesitan otros empresarios que se encuentran fuera de ese mercado para ingresar a competir, innovando y mejorando el servicio al cliente.

Es hora de terminar con el cuento. Los supermercados no son responsables de la inflación, sino el gobierno a través de la política monetaria del Banco Central.

Acusar constantemente a las cadenas minoristas o a otros empresarios por la suba de los precios no solo esquiva el eje del problema, sino que conlleva el peligro de atentar contra el sistema del mercado libre, que hasta ahora es el único que demostró su capacidad para traerle prosperidad a la humanidad.

Tomado de igdigital.com

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