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Sobre la subvención a la cultura

JAVIER PAZ

Casi no existe poeta, escritor o músico que no considere urgente e indispensable que el Estado subvencione a la cultura. Esto plantea al menos tres problemas. Primero, la priorización de los recursos del Estado. En el Estado de Bienestar actual (sistema al que me opongo), donde existe pobreza, desnutrición y analfabetismo, el Estado debería priorizar estos males antes de gastar un peso en cultura.

Segundo, ¿qué cultura debe subvencionar el Estado? Recientemente algunos artistas protestaron porque el Gobierno pagó para que el Dakar pase por Bolivia. Ellos cuestionan por qué dar la plata a los organizadores del Dakar en vez de dársela a ellos. Es que el momento en que el Estado decide subvencionar a un grupo, inmediatamente se forman otros grupos de presión cuyo objetivo, cual vampiros chupasangre, es conseguir fondos del Estado.

¿Debe el Estado subvencionar al Dakar o a los artistas? ¿Debe priorizar a los actores o a los pintores? Y si el Estado subvenciona el arte, ¿cómo determina qué es arte y qué merece ser subvencionado? ¿La escultura de una Virgen María desnuda o un cuadro de Mahoma no es arte? ¿O esos garabatos modernos que nadie entiende, que pueden ser hechos por un niño de cinco años pero que todo mundo tiene colgados en sus paredes son arte? ¿El Estado debe subvencionar a los artistas que hablen maravillas sobre el Gobierno o aquellos que lo critiquen? ¿Debe promover los escritos de Alcides Arguedas o de Álvaro García?

Tercero, ¿por qué la cultura no se puede sustentar sola? Alguna vez oí a alguien quejarse de que los jóvenes preferían ir a un concierto de Shakira en vez de gastar en cultura. ¡Pues a mi entender Shakira es cultura! No será la cultura que le gusta a la persona que hizo el comentario, pero es parte de la cultura contemporánea. Nuestra cultura es la música que oímos, los libros que leemos, las películas que vemos, la comida que comemos, la arquitectura que construimos.

Como tal, está viva, evolucionando y no necesita del Estado para sobrevivir. En una sociedad libre, sobrevivirán los artistas que el público elija. Es la gente quien, libremente, debe subvencionar a la cultura eligiendo qué libros, películas o canciones consumir, a qué conciertos ir, etc. La solicitud de un artista de recibir una subvención del Estado desnuda el fracaso de tal artista de conseguir que el público guste de su trabajo lo suficiente como para costearlo.

El Estado no debería gastar un peso en cultura, es la gente quien a nivel individual debería decidir qué es cultura, cuánto gastar en ella y qué arte y artistas apoyar

Tomado de eldeber.com.bo

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