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Menos política y más economía

EDUARDO BOWLES

Poco y nada ha cambiado Brasil desde que Dilma Rousseff abandonó el poder para someterse a una investigación judicial y los hechos están probando que el enroque político no tenía la finalidad de combatir la corrupción y mejorar la transparencia, sino dar una señal a los mercados que ayude a salir de la recesión económica que por segundo año consecutivo azota al gigante sudamericano, que por lo visto, tendrá que atravesar un largo periodo de recuperación.

Si bien Brasil cumplió con la regla básica de que la economía está primero y que debe ser la que guíe el comportamiento político, el dinero siempre es cauteloso y jamás pisa en terreno inestable. En otras palabras, hará falta mucho más que un maquillaje en las cúpulas gubernamentales para generar la confianza en los capitales y, lo más difícil de todo, aplicar los ajustes estructurales que hacen falta para iniciar un periodo de restablecimiento similar al que se tuvo que ejecutar en los años 80. Se trata de remedios muy amargos –en forma de recortes, austeridad y realismo frente a la población-, pero sin duda alguna, imprescindibles para sobrellevar la resaca que nos ha dejado una década de populismo, derroche, ineficiencia y falta de planificación.

Lo que ocurre en Brasil nos manda un mensaje muy claro a los bolivianos y esa señal nos llega a través del ducto que lleva el gas al vecino país. No sólo ha caído el precio del energético que le vendemos, sino también en el volumen requerido, hecho que sólo se explica por la caída de la actividad económica, pues ante la sequía y la temporada invernal, la demanda debería mantenerse, cuando menos.

Esta noticia debería obligar a nuestros gobernantes a tomar medidas de largo alcance, pues ha quedado al descubierto que nuestra economía seguirá el ritmo de la brasileña y aquello tira para largo. Con la leve recuperación argentina lamentablemente no alcanza.

Y no sólo es Brasil, pues el mundo entero está en ascuas por las señales que llegan desde China, las denominadas potencias emergentes y también de Europa, Japón y en realidad de los cinco continentes, donde parecen estar preparándose para un crudo invierno. Recientemente se supo que el magnate George Soros, una suerte de brújula que sabe detectar lo que ocurre en los mercados mundiales, está tomando todas sus precauciones para una posible ola recesiva, con una nueva caída de las principales bolsas de comercio.

Mientras tanto en Bolivia seguimos enfrascados exclusivamente en la política, con el cuento de que tenemos la economía más fuerte del continente y tomando medidas que no hacen más que contribuir al debilitamiento. Nuestras exportaciones se han reducido casi a la mitad en lo que va del año y con ello, el Producto Interno Bruto se verá seriamente afectado, sin alternativas que ayuden a paliar la situación. Las empresas y todas las actividades productivas ya están sintiendo la recesión que llega en forma de la caída de las ventas, la reducción de la demanda interna y dentro de poco se verá también en los despidos y el achicamiento. Es momento de que los planificadores y quienes tienen a cargo la responsabilidad de las políticas económicas empiecen a dar señales de coherencia.

Tomado de eldia.com.bo

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