Buscar en nuestras publicaciones:

La verdad sobre el Brexit

europaAXEL KAISER 

No deja de ser interesante cómo tanta gente opina de manera tan categórica y emocional sobre temas altamente complejos. El mejor ejemplo es el Brexit, que llevó a muchos de sus detractores a descalificar como xenófobos o ignorantes encandilados por populistas al 52% de los electores británicos que lo aprobaron, y a anticipar catástrofes que aún estamos esperando.

La verdad, cuando se ven las cosas en su mérito y libre de pasiones, es que había buenas razones para que el Reino Unido se quedara en la Unión Europea, pero también las había para que saliera de un proyecto que se ha vuelto cada vez menos tolerable. Como ha dicho el profesor de Princeton Harold James, la UE se convirtió en una especie de “irritante nana”, diciéndole a todo el mundo todo el tiempo lo que no pueden hacer. Especialmente en materia migratoria, la UE fue insensible y presa del dictado políticamente correcto, lo que la llevó a comportarse, en palabras de James, “como un anfitrión maníaco, ordenando a todos sus invitados a compartir quisieran o no”.

James advierte el punto clave de este debate: las élites políticas nacionales se sumergieron tanto en la UE que perdieron todo contacto con la realidad de su gente. Fue ese proceso de aristocratización y desprecio por las inquietudes de la ciudadanía lo que, según el profesor de Princeton, llevó al crecimiento de los partidos anti establishment.

Otro opositor del Brexit, el millonario George Soros, argumentó que la UE ha dejado hace rato de satisfacer las necesidades y aspiraciones de sus ciudadanos, y que se dirige hacia una desintegración que dejará a Europa peor que si jamás se hubiera creado. El pronóstico de Soros parece exagerado y su receta para evitarlo es discutible, pero lo relevante es que, siendo un firme partidario del proyecto europeo reconoce, como James, que fueron sus líderes quienes fracasaron en sus tareas y llevaron al estado de cosas actual. Es este tipo de reconocimiento el que se echa de menos en las reacciones de quienes ven en el Brexit nada más que un triunfo populista, elemento que sin duda jugó un rol, pero que no basta para explicar el descontento con la nomenclatura de Bruselas.

Pero continuemos con las razones para el Brexit. Desde el punto de vista económico, donde la mayoría de los detractores del Brexit dice que los beneficios de la UE son evidentes, lo cierto es que hay mucho que discutir. El profesor de economía aplicada Patrick Minford, de la Universidad de Cardiff, ha publicado recientemente la segunda edición de un premiado libro sobre la pertenencia del Reino Unido a la UE. En su investigación, Minford llega a conclusiones sorprendentes. Ellas señalan que las políticas restrictivas de libre comercio que la UE impone a productos agrícolas y manufacturas provenientes de fuera de los países miembros -la UE es una unión aduanera con barreras de entrada para el resto del mundo- incrementan el costo promedio de esos bienes en un 20%.

Esto protege a productores locales, los que obviamente se movilizan a favor de la UE, pero perjudica a los consumidores. El perjuicio estimado para los británicos, si se considera solo un 10% de incremento del costo en estos bienes en lugar del 20% actual, se traduce en un alza de casi 8% en el costo de vida. Este proteccionismo genera, además, distorsiones en la estructura productiva del Reino Unido, que se corregirían con mayor competencia. La ganancia neta originada por el comercio una vez fuera de la UE sería de alrededor de un 4% del PIB, sostiene Minford. No debe olvidarse en este contexto que la relación comercial con la UE, si bien es la más importante para el Reino Unido, ha decrecido dramáticamente, cayendo de un 55% del total de exportaciones en 2009, a un 45% en 2015, mientras las exportaciones a países fuera de la UE han subido en igual proporción. Las proyecciones indican que antes de 2020, la proporción será de 40-60%.

En el tema migratorio, Minford destaca sus beneficios, pero pone énfasis en la necesidad de un sistema abierto y a la vez selectivo, que resulta incompatible con las actuales reglas de la UE.

A los argumentos anteriores hay que agregar varios que por razones de espacio no podemos incorporar aquí. Sin embargo, hay uno que ha sido decisivo en la pérdida de popularidad del proyecto europeo y que no puede dejar de mencionarse: la conocida crítica a la excesiva burocratización y el déficit democrático de la UE. Ya hace más de diez años el profesor de Oxford Larry Sidentop advirtió que “la democracia en Europa estaba en peligro”. Según Sidentop, la visión constructivista y antiliberal francesa se ha tomado el proyecto europeo, creando burocracias que disminuyen el valor del ciudadano y que amenazan con convertirse en un verdadero despotismo.

No existe, dice Sidentop, una filosofía de la libertad, un espíritu madisonaiano que mueva al federalismo europeo como lo hubo en el americano. Al revés, la forma en que el estatismo francés busca concentrar el poder en pocas manos y limitar un orden constitucional liberal, dice el profesor de Oxford, va liquidando al individuo como referente del proyecto europeo. La crítica de Sidentop, aunque de manera más ambigua, es reconocida incluso por los miembros del establishment europeo que han prometido por años cambios de fondo que hasta ahora no han realizado.

El Brexit podría ser el shock que la UE necesita para reformarse en serio y dar pie a un federalismo auténtico del tipo sugerido por Sidentop. Lo más probable, sin embargo, es que el proceso de concentración de poder se acelere ahora que el Reino Unido no está para frenarlo, llevando a agudizar la crisis de la UE.

Tomado de fppchile.org 

Búscanos en el Facebook

Artículos del autor