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La crisis del Estado de Bienestar

ARMANDO MÉNDEZ

“Europa es un continente agitado por la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, el terrorismo yihadista, el expansionismo ruso, la llegada de refugiados de Oriente próximo y el auge de los populismos”, se lee como noticia en el periódico El País de Madrid. No cabe duda que estos problemas existen, pero no se dice nada del Estado del Bienestar, que se erigió en la segunda mitad del siglo XX en los estados que componen la Unión Europea, y que hace rato ya entró en grave crisis, lo cual se puede confirmar si se compara su crecimiento económico con las del mundo.

En el periodo 2000- 2015 el conjunto de la Unión Europea creció en producción a una tasa promedia anual de sólo el 1,5 %, cuando el mundo, en el mismo periodo, lo hizo casi al 4 por ciento anual.

Se debe destacar que hay –y hubo- grandes diferencias de crecimiento al interior de la Unión Europea. Mientras Luxemburgo creció a una tasa del 4,3 %, en el periodo aludido, Italia y Grecia sólo lo hicieron en un raquítico 0,2 por ciento anual. Lento crecimiento que comienza en los años 70 del siglo pasado con el shock del alza de precios del petróleo.

Esto crea “coaliciones defensivas para defender intereses creados” en economías que se ralentizan, a través de una extensa maraña regulatoria y expansión del Estado intervencionista para garantizar derechos “que la población europea supuestamente ya había adquirido de una vez y para siempre”. Crece el denominado “Estado del Bienestar”. Una dinámica populista, donde gobernantes y gobernados se dejaban llevar por el sendero de las promesas fáciles

El Estado del Bienestar en los países europeos se fue construyendo a partir de la concepción de la economía social de mercado implementada por los alemanes a la caída de Hitler y después de la Segunda Guerra Mundial. Alemania, país derrotado y destruido como consecuencia de la guerra, y luego de un ineficiente y asfixiante estatismo económico, enfrentaba no sólo la destrucción de su aparato económico sino que su población padecía de pobreza.

La economía social de mercado comparte el planteamiento de que el mejor orden económico es la economía libre y competitiva. Sin embargo, considera que el Estado debe tener un rol subsidiario, en cuanto al manejo de la economía. Su rol debe estar presente en todo aquello en que los mercados libres y competitivos no resuelven el problema de una eficiente asignación de recursos. Este acertado planteamiento debía traducirse en que el Estado debía destinar recursos para financiar la alimentación, la salud, la educación y la vivienda de los pobres, no de todos.

Paulatinamente en la práctica el planteamiento inicial se fue distorsionando y dichas funciones- y otras, como el subsidio de cesantía- se generalizó a toda la clase media, haciendo poco a poco insostenible su financiamiento con impuestos teniendo que acudir al creciente endeudamiento público.

Es patético el hecho de que muchos europeos no buscan trabajo porque viven cómodamente con el subsidio de cesantía, que es bastante generoso. Esta es una de las razones de la existencia del alto desempleo en los países europeos. La gente prefiere estar desempleada. Mauricio Rojas escribió, ya en febrero de 2013, un descarnado análisis sobre la economía europea titulado: “Crisis europea y el modelo del Estado de bienestar: Lecciones de un modelo a evitar”. Quiero compartir los aspectos medulares de esta investigación, con mis amables lectores.

Europa está viviendo un largo periodo de acumulación de problemas y debilidades. Economías altamente reguladas con grandes Estados que gastan en torno al 50% del PIB de sus respectivos países, donde el así llamado Estado de bienestar, benefactor o social, creció desmesuradamente desde la década del 70 hasta transformarse en el corazón de lo que se conoce como Modelo Social Europeo En buenas cuentas, el Estado pasó a ser el eje de los procesos económicos y sociales de Europa Occidental. Altísimos impuestos y regulación laboral caracterizan a los países de la Unión Europea.

“La carga tributaria en la Unión Europea había subido de un promedio de 25,8% del PIB en 1965 a un 39,2% en 1990. En 1965, el peso total de los impuestos iba de un modesto 14,7% del PIB en España a un máximo de 35% en Suecia, el país líder en lo que respecta a la expansión del Estado benefactor. En 1990, el peso de la tributación se había más que doblado en España, alcanzando el 33,2%, mientras que en Suecia llegaba al 53,6%.”

Consecuencias: pérdida del incentivo a trabajar o a invertir en educación. “La política económica europea se orientó más a defender y distribuir la riqueza ya creada que a fomentar la creación de nueva riqueza”. Se perdió el vínculo entre la responsabilidad individual y lo que se puede obtener de la vida, enfatizando una cultura de los derechos y no de obligaciones. La defensa del status quo y la redistribución igualitarista se convirtió en el principal afán de los europeos.

Mauricio Rojas dice: “26 y 1. Veintiséis son las empresas que se han creado en California desde el año 1975 en adelante y que están hoy dentro de las 500 mayores del mundo. Por su parte, en toda la Zona Euro, con más de 300 millones de habitantes, se ha creado apenas una empresa desde el año 1975 que esté en esta categoría.” Científicos, técnicos y emprendedores europeos de primera línea se fueron a EE.UU.

*Profesor emérito de la UMSA y expresidente del Banco Central de Bolivia

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