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Viejos y nuevos autonomistas

EDUARDO BOWLES

Es curioso escuchar a los paceños hablar en los mismos términos que lo hacían los cruceños de finales de los años '50, cuando comenzaron a exigir el pago de las regalías petroleras y muchos de ellos fueron perseguidos, asesinados y encarcelados, acusados de separatistas.

A raíz de la huelga de hambre del gobernador de La Paz, Félix Patzi, se ha iniciado una corriente de opinión que ha comenzado a renegar del centralismo que maneja el '80 por ciento de los recursos públicos, porcentaje aún mayor cuando se trata de la inversión estatal, en tanto que la gobernación de uno de los principales departamentos del país solo participa del 0,5 por ciento de esa cuota.

Los paceños comienzan a preguntarse por qué distribuir los recursos del peaje entre todos, si los que pagan son ellos; quieren que la plata que generan se quede en su jurisdicción, para financiar obras que beneficien a la población, con impacto en la producción y el desarrollo. Ellos se han dado cuenta que el centralismo los ha defraudado, pues gasta la plata en teleféricos, canchas y coliseos que no han mejorado la calidad de vida de la ciudadanía, especialmente de las zonas rurales.

La Paz se jugó por entero a favor del “proceso de cambio”, por el que protagonizó una de las manifestaciones más grandes que se haya visto en Bolivia. “La sede no se mueve”, decían aquella vez y la consigna aparente era evitar el cambio de domicilio del poder a Sucre, algo imposible, como ellos bien lo sabían. En el fondo, lo que La Paz quería, era sellar para siempre el modelo centralista de visión andina y lo hicieron con la anuencia de las élites que siempre han controlado este país, en este caso, representada por el exalcalde Juan del Granado, a quien luego le dieron una patada en el trasero y lo sacaron del escenario político.

La gran mayoría de los paceños fueron conducidos como rebaño a aquella manifestación porque los habían convencido que ser centralistas los beneficia, cuando en realidad ese esquema sirve nada más que para engordar un pequeño grupo, una pequeñísima porción de la población. Los habitantes del departamento de La Paz, son tan olvidados, abandonados, pobres y postergados como los de Pando, de Santa Cruz (donde vive la mayor cantidad de pobres del país) o de Tarija, por citar a la región que más recursos ha recibido en los últimos años, pero que hoy está tan vacía de fondos como la gobernación que conduce Patzi.

Cuesta creer en la sinceridad de estos nuevos autonomistas o descentralizadores, puesto que comienzan a vociferar cuando la plata escasea, mientras que mantuvieron la boca cerrada cuando había de sobra para hacer funcionar las burocracias departamentales, puesto que las gobernaciones no son nada más que eso, además de repartir pegas, ya que poco y nada hacen por la producción y el desarrollo. De cualquier forma tampoco se les puede reprochar mucho; los viejos autonomistas, aquellos que prometieron hacer camino al andar, han sido los más pasivos.

Tomado de eldia.com.bo

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