Buscar en nuestras publicaciones:

La riqueza que se nos fue

EDUARDO BOWLES

La dura crisis económica y la consiguiente remezón política que viven algunos países latinoamericanos (y que no tardará de mostrar su cara en nuestro país) nos enseña una vez más que el mejor legado que se debe dejar a las nuevas generaciones es la educación. Ni siquiera es la salud, pues un individuo con suficiente información es capaz de tomar mejores decisiones relacionadas con la prevención de enfermedades que se pueden evitar con facilidad, pero que causan estragos en países sumidos en la ignorancia.

Durante el fulgor del populismo, en la región se impuso la idea de que la mejor forma de distribuir la riqueza era el pago en efectivo de bonos y los líderes pregonaban que esa era la fórmula ideal de luchar contra la pobreza. También se apeló a la vieja receta del desarrollismo: construcción de infraestructura, carreteras, puentes y todo tipo de obras, entre ellas las infaltables edificaciones faraónicas y los “elefantes blancos”, como corresponde a un régimen socialista que se precie.

Otro tanto de la “promoción social” se la hizo por la vía del prebendalismo, por el cuoteo del aparato estatal a favor de grupos históricamente excluidos, a los que se les repartió cargos públicos, dinero a manos llenas y otros bienes que hoy están en riesgo. Los cargos ganados por política se pierden, los privilegios también se esfuman y la crisis económica termina de hacer su trabajo con la platita mal habida. La educación es un bien que no se pierde y nadie lo puede arrebatar.

Si bien los populismos latinoamericanos también le abrieron la billetera al sector educativo, apenas lo hicieron para gastar en infraestructura, en moles de cemento, mobiliario y también algo de equipamiento, pero se descuidó lo esencial, es decir, mejorar la calidad; dar el salto hacia la transformación del modelo que ayude a convertir a las escuelas en motores del desarrollo nacional, en artífices de la movilidad social que han conseguido naciones que, si bien no son las más ricas del planeta, sí son las más felices, las de mayor equidad, las menos corruptas, las más libres y con los mejores índices sociales.

A los populistas no les convenía girar hacia los paradigmas en boga en el mundo, que buscan el aprendizaje autónomo, que impulsan la idea de estudiantes indagadores, con visión global y conciencia ciudadana. Fieles a su concepción socialista, se inclinaron por un esquema adoctrinador, altamente ideologizado, con ribetes nacionalistas y conducentes al aislamiento, cuando la búsqueda del aprendizaje moderno es la conexión con el mundo, la integración y la globalización.

Los tiempos que corren son ideales para superar las barreras históricas, pues un niño de la sabana africana, del Altiplano o de Nueva York, tienen las mismas oportunidades de acceder al conocimiento y a participar en un debate mundial en el que priman las ideas no las banderas. Pero eso solo es posible si a los estudiantes se les dan las herramientas indispensables para interactuar en un planeta convertido en una aldea global, pero que para los bolivianos, entre muchos otros, sigue siendo un terreno desconocido y prohibitivo.

Tomado de eldia.com.bo

Búscanos en el Facebook

Artículos del autor