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Preguntas sobre la democracia

EDUARDO BOWLES

Mucha tela para cortar ayer en la conmemoración de los 34 años de la recuperación de la democracia. Algunas críticas para el “proceso de cambio” y lo que algunos creen que ha sido un retroceso en la marcha iniciada en 1982. Por supuesto, los voceros del Gobierno defendiendo las “grandes conquistas” de la “refundación” del país y por tanto, la reinvención del sistema democrático. El vicepresidente no podía quedar ausente con su clásica agresividad y tildó de “ignorantes” a los que aseguran que Bolivia está viviendo una dictadura. Esa respuesta habla por sí sola y no deja lugar a dudas.

Los que defienden una supuesta evolución de la democracia ponderan la aprobación de leyes que contemplan nuevos derechos, que contemplan a los excluidos, a los discriminados, como los indígenas y campesinos por ejemplo, sectores que supuestamente han avanzando sustancialmente en calidad de vida. También se destacan las conquistas de las mujeres, los niños y los trabajadores, aunque habría que ver si la letra coincide con la realidad. En honor a la verdad, Bolivia siempre ha tenido excelentes leyes, pero nadie las cumple ni las hace cumplir.

Los que atacan se refieren a la persecución, a los exiliados y encarcelados por causas políticas; a los ataques a la libertad de expresión y los atropellos a las leyes, especialmente los cometidos para garantizar el prorroguismo del poder más allá del tiempo y los límites permitidos por la constitución.

Ambas posturas pueden ser discutibles y admitir toda clase de sesgos y miradas complacientes en un caso e inquisidoras en otros. Pero sin duda alguna, hay tres aspectos que miden la calidad de una democracia y que nos permiten llegar a una conclusión sobre el estado en el que se encuentra Bolivia. Estas categorías de análisis son: autoritarismo, corrupción y justicia.

En el primer caso, no vamos a realizar ninguna afirmación definitiva, simplemente preguntaremos ¿Cómo se toman las decisiones en el actual gobierno? ¿Es permitida la discusión y la disidencia dentro y fuera del partido gobernante? ¿Tiene el Congreso un rol fundamental en la fiscalización de las acciones del Órgano Ejecutivo? ¿Se respetan las distintas instancias regionales y locales en el manejo de recursos y la gestión? ¿Cuál es la proporción de decisiones que se han tomado por decreto en los últimos años? ¿Se respetan la división de poderes, el pluralismo político y la libertad de opinión?

Respecto del segundo caso, la corrupción, no vamos a hablar de ninguno de los grandes escándalos, pero caben algunas preguntas ¿Cuál ha sido el mecanismo más frecuente para la contratación y compra de bienes y servicios en la administración pública? ¿Funcionan como deberían el Congreso, la Contraloría, el Ministerio Público y otras instancias llamadas por ley para vigilar la gestión gubernamental? ¿Se pueden conocer los detalles de los contratos que firman las autoridades con empresas y gobiernos extranjeros? ¿Es posible detallar todo lo que se gasta en viajes, publicidad, viáticos y otros aspectos “políticos?

Sobre la justicia no vamos a formular nada específico y solo nos remitiremos a las declaraciones del propio gobierno que asegura que “todo está podrido”. No hace falta más constatación.

Tomado de eldia.com.bo

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