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"A la boliviana"

EDUARDO BOWLES

Durante los últimos años supuestamente ha habido un interés de sacar a Bolivia de ciertos estigmas que nos han dado fama en el mundo. Tenemos una “hora boliviana”; dicen que no hay nada peor que la “ley boliviana”, que nuestras carreteras son “de la muerte”, tenemos fama de “llorones”, aunque paradójicamente somos los más bailadores; somos número uno en corrupción, estamos a la cabeza en machismo (ver índices de violencia contra la mujer) y en linchamientos, aunque también son legendarios nuestros bloqueos y las mil y una forma de protestar.

Querían que se nos conozca por ser ecologistas, por respetar a los indígenas, por derrotar a los imperios y ganarle a la pobreza, pero lamentablemente nada de eso se puede anotar a nuestro favor o cuando mucho, las victorias son insignificantes, parciales y en algunos casos muy endebles, con el riesgo de retroceder en cuanto las condiciones económicas externas se compliquen.

Las dos últimas noticias de alcance mundial originadas en Bolivia, no han hecho más que confirmar que en nuestro país existe un estilo, una mentalidad, una forma y una cultura que no han cambiado en lo más mínimo y que, al parecer, todo aquello que debería avergonzarnos, se ha estado fortaleciendo desde los niveles gubernamentales, donde lo lógico sería encontrar una búsqueda por eliminar esas taras, ya sea por la vía de la modernización o por el rescate de los valores ancestrales (que dizqué eran extremadamente superiores). El objetivo debería ser un cambio de actitud que nos aleje de esa manera de hacer las cosas “a la boliviana”.

Ineficiencia, ineficacia y desidia se pueden encontrar en cualquier parte del mundo, pero es difícil hallar en una sociedad, en un gobierno, en sus instituciones y en el pleno del razonamiento psicosocial, todas estas características juntas, sumadas a la improvisación, a la viveza criolla, a la fascinación por la transgresión, el “masomenismo” (hacer las cosas más o menos), la arbitrariedad, la falsedad, la angurria por ganar plata a cualquier costo, el cortoplacismo, el ventajismo y la falsa intrepidez que nos lleva a “meterle nomás” sin medir las consecuencias.

No es posible encontrar dos eventos, como la crisis del agua y el accidente del avión de LaMia que resuman mejor este perfil boliviano encarnado perfectamente en sus líderes, algo que explica perfectamente el éxito electoral y el arraigo en la población. A todo lo que se ha mencionado habría que agregarle una característica que no es nuestra, que es muy antigua y que consiste en imitar cotidianamente a Pilato, porque acá en Bolivia nadie sabe nada, nadie es responsable y nadie paga las consecuencias de nada.

También es muy boliviano aquello de que “vamos a investigar hasta las últimas consecuencias y caiga quien caiga”. Eso es justamente lo que se ha venido escuchando a raíz de la muerte de 71 personas en el accidente ocurrido en Medellín. Aunque más boliviano es tapar las cosas, dejar el asunto en el olvido y... hasta el próximo escándalo.

Tomado de eldia.com.bo

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