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La falacia del consumo y la producción

IVÁN CARRINO 

Chuck Noland está solo en la isla. Pasaron varios días desde el accidente que lo llevó hasta ahí y ya comprobó que se trata de una isla desierta, donde su único compañero es “Wilson”, una pelota con una cara dibujada a la que le habla para no sentirse tan solo.

En la película protagonizada por Tom Hanks, Noland es empleado de la empresa internacional FedEx hasta que el avión que lo traslada tiene un accidente y termina despertando en una isla en medio del Océano Pacífico. Frente a esta situación, el náufrago debe aprender a sobrevivir en condiciones adversas, enfrentando las inclemencias del clima. Además, tiene que rebuscárselas para obtener alimento y otros elementos que le permitan guarecerse del frío de la noche y el calor del día.

El año de su estreno, “El Náufrago” recaudó U$S 430 millones y fue un éxito comercial, solo superada por la mítica “Gladiador” y “Misión Imposible II”. Sin embargo, al margen de su éxito de taquilla, la película también ofrece una lección básica de economía que muchos analistas y políticos olvidan a la hora de lanzar propuestas.

La lección de economía de nuestro náufrago es que para consumir, primero hay que producir.

En la isla desierta, Chuck Noland busca satisfacer su necesidad de alimento, para lo cual debe aprender a pescar. Si no pesca, entonces no habrá producido nada, y el resultado es que no tendrá nada para consumir.

Esto mismo lo podemos comprobar todos cuando queremos satisfacer nuestras necesidades. Cuando vamos al supermercado, compramos provisiones e insumos que luego usamos para cocinar. Ahora bien, antes de irnos del supermercado, tenemos que pagar la cuenta, y para eso tenemos que tener un ingreso. Finalmente, para tener ese ingreso primero tuvimos que ofrecer un producto o servicio en el mercado.

En la economía de hoy, no hay consumo sin ingreso, pero no hay ingreso si primero no hubo producción.

Es por este motivo que llama la atención que políticos, analistas e incluso economistas hagan tanto énfasis en la necesidad de “estimular el consumo”. Sergio Massa, por ejemplo, ha hecho famoso el eslogan de que “llegó el tiempo de poner plata en el bolsillo de la gente”.

Esto suena muy lindo pero es pura demagogia. Es que la pregunta que queda sin responder es de dónde va a salir ese dinero. En nuestro análisis, no hay forma de hacer que crezca el ingreso si no crece la producción, o si no crece el valor agregado de ésta.

Si yo vendo diez botellas de vino por mes y quiero tener “más dinero en el bolsillo”, tendré que elegir entre una de dos alternativas: o vendo más botellas de vino, o logro producirlas de una forma más eficiente, incrementando el ingreso neto por cada botella vendida.

Otro campo político que también está pidiendo estimular el consumo es el kirchnerismo. En un video viral que se vio en la pantalla de C5N hace unos días y que ya cuenta con más de 300.000 reproducciones en Facebook, aparece una parodia acerca de cómo estimular el consumo.

En medio del programa de Roberto Navarro, su “cadete” sostiene que la forma de estimular el consumo es otorgándole $ 100 al individuo que menos ingresos tiene en la sociedad, de manera que este lo vuelque a comprar bienes y luego “la rueda empiece a girar”.

El problema del Cadete de Navarro es que la solución propuesta equivale a agitar la varita mágica. De hecho, sin ningún tipo de pudor, planteado un ejemplo donde el consumo no avanza, el cadete extrae $ 100 de su bolsillo y los pone en circulación… Pero de nuevo: ¿cómo se obtuvieron esos $ 100? ¿Acaso llueve dinero en Argentina?

Los defensores del kirchnerismo dirán que el dinero puede salir de los impuestos. En ese caso, sin embargo, no habrá estímulo al consumo, porque lo que sacamos de un lado lo ponemos en otro. Juan podrá consumir más gracias a los $ 100 que recibió, pero Pedro consumirá menos porque ahora tiene $ 100 menos culpa de los impuestos.

Otra forma de crear esos $ 100 para dárselos a Juan es que el Banco Central los fabrique, pero ya sabemos lo que pasa cuando crece la oferta monetaria para estimular el consumo. Dado que sigue habiendo la misma cantidad de bienes y servicios en la economía, los nuevos pesos solo terminarán incrementando los precios, sin ningún efecto real en la actividad económica.

Una última forma de generar un ingreso extra es acudir a la deuda. Pero acá de nuevo, para que Juan gaste con cargo a deuda, Pedro debe haber ahorrado previamente.El estímulo al consumo, sin mayor producción, es cero.

Incluso en el caso que se quiera estimular el consumo cobrando impuestos y redistribuyendo, se da por sentado que hay algo de producción previa. De lo contrario, no habría nada que gravar. Ahora lo más curioso de todo es que los que defienden al kirchnerismo, gobierno que destruyó el aparato productivo nacional con inflación y controles de precios, ahora quieran estimular el consumo.

Quieren comerse la torta sin tenerla cocinada previamente.

A los políticos y televidentes interesados en temas económicos de Argentina les recomendaría que miraran menos al Cadete de Navarro y más a Chuck Noland. No puede crecer el consumo si no crece la producción, y para que ésta avance se necesitan menos impuestos, menos gasto público y menos regulaciones.

Todo lo contrario de lo que proponen los demagogos de siempre y de todos los colores políticos.

Tomado de libertadyprogreso.org 

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