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El preaviso de despido

EDUARDO BOWLES

El Gobierno está sufriendo -quizás de una manera imprevista- la incomodidad de otra piedrecilla inoportuna en su zapato. Esta piedra se la ha introducido nada menos que el Tribunal Constitucional Plurinacional con su polémico fallo sobre la restitución de la figura jurídica del preaviso de despido en la Ley General del Trabajo. La medida, que ha merecido el pronto apoyo del sector empresarial por sus lógicas connotaciones, ha sido en cambio rechazada primero por el Defensor del Pueblo, al calificarla de inconstitucional, mientras que la Central Obrera Bolivia y el propio Ministerio de Trabajo han manifestado en sendas declaraciones de sus representantes, su anulación.



La figura del preaviso de despido está presente en la legislación nacional desde fines de la década de los años cuarenta, afirman los empresarios, a través del portavoz de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia. En su manifestación oficial, piden el respeto a la Constitución Política del Estado, al fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional y a las normas laborales vigentes en el caso del preaviso. Esto significa que debe procederse con mucho tacto en este problema donde se hila fino sobre las normativas laborales y por lo que entraña la amenaza del paro indefinido de la Central Obrera Boliviana y el inminente juicio de responsabilidades a los miembros del tribunal

Lo cierto es que el problema amenaza crecer como una bola de nieve si no se adoptan las medidas para controlarlo. Existen buenos propósitos en ese sentido. Uno de ellos está a cargo de la Central Obrera Boliviana que ha prometido presentar al Tribunal Constitucional un proyecto de ley corta que pretende dar buena cuenta del preaviso del despido, porque su restitución ha sido interpretada como un colosal retroceso que afecta derechos y atenta contra la estabilidad laboral de los trabajadores. No obstante, es el propio Tribunal Constitucional el que debe resolver un entuerto del cual están sacando tajada sectores oportunistas, con diferentes problemas, llevando agua a su propio molino

Quedan al menos dos caminos para la resolución del problema. Uno de ellos implica que el Tribunal anule por su cuenta y riesgo y cuanto antes su propio fallo, postura que no parece viable y menos ecuánime. La otra vía pasa por aceptar la ley corta que propone la matriz obrera que elimina la figura del preaviso de despido en la Ley General del Trabajo, aun cuando esto signifique pasar por encima del sector empresarial privado, para el cual el preaviso de despido resulta imprescindible para la preservación y creación de mayores y mejores fuentes de empleo. Los empresarios han declarado que la eliminación del preaviso daña las posibilidades y capacidades de inversión en el país.

Quizás una tercera vía sea una solución de consenso sobre este punto, entre la Central Obrera, empresarios, Tribunal Constitucional y el propio Gobierno. Sólo la amplitud de criterio de los sectores en conflicto y una buena dosis de voluntad política serán fundamentales para llegar a un acuerdo que beneficie al país y a su productividad. Todo indica que hace falta una profunda reflexión sobre un asunto que impresiona como un vacío legal por carencia de reglamentación. El asunto del preaviso merece una solución responsable y unificadora, ya que ha logrado enfrentar al Gobierno con el Tribunal Constitucional y a éste con los empresarios y trabajadores. Una piedrecilla de escándalo.

Tomado de eldia.com.bo

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