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No existe la maldición de los recursos naturales

IAN VÁSQUEZ 

Es innegable que muchos países ricos en recursos naturales paradójicamente se mantienen en la pobreza o se empobrecen todavía más. Venezuela es un caso clásico de esta “maldición de los recursos naturales”. El país petrolero es hoy día mucho más pobre de lo que era en los años setenta cuando era el más próspero de América Latina.

Es por los numerosos ejemplos como el venezolano que los economistas y otros expertos empezaron a considerar que la riqueza natural representaba una especie de trampa al desarrollo. Según esa visión, la sobredependencia en la exportación de materias primas distorsiona los precios de bienes y servicios en la economía local, y la expone a una alta volatilidad en la economía global. En el Perú y otros países, el relato de que la riqueza en recursos naturales condena a las naciones al subdesarrollo respalda la agenda de ciertos líderes políticos que se oponen a la inversión privada en la explotación de recursos y que proponen cerrar proyectos mineros enteros.

La realidad, felizmente, está desmintiendo la teoría de la maldición y desacreditando la agenda anticrecimiento que muchas veces surge de ella. Un estudio nuevo del economista ruso Peter Kaznacheev recoge la experiencia mundial para llegar a una conclusión alentadora: la riqueza de recursos naturales influye en el desarrollo económico, pero son las políticas y las instituciones las que determinan si un país avanza o no. Es así que numerosos países prósperos como Australia o Noruega también son países ricos en recursos naturales. O que países como Chile hayan logrado evadir la mal llamada maldición y se hayan desarrollado.

El autor describe cómo las instituciones interactúan con los recursos naturales. Cuando las instituciones premian la productividad y la creación de riqueza, en vez de la redistribución de la riqueza, los países se desarrollan. Si se trata, sin embargo, de países ricos en recursos naturales, las instituciones de buena calidad promueven un desarrollo económico mayor a lo que es el caso de países no ricos en recursos naturales. Los recursos se vuelven una bendición. En cambio, de los países que tienen instituciones deficientes, los que son ricos en recursos naturales tienen un desempeño peor que los no ricos en recursos naturales. Son esos los países que sufren de la “maldición”.

El desarrollo a fin de cuentas siempre se trata de la calidad de las instituciones locales. Los precios volátiles del petróleo, por ejemplo, no tienen por qué afectar el manejo de un gobierno más que el manejo de una empresa petrolera que está expuesta cien por ciento a la volatilidad en el precio del petróleo. Sin embargo, muchos gobiernos sufren de la volatilidad mientras que las empresas petroleras, según Kaznacheev, suelen gozar del mismo retorno de inversión que otras industrias en el largo plazo. Los países pueden aprender de las prácticas de las empresas, como ha sido el caso de México que años antes de que cayera el petróleo empezó una estrategia de cobertura en que vendía su petróleo a futuro a un precio fijo.

Hay también una diferencia notable entre el desempeño de empresas estatales y privadas. El ingreso promedio por barril de las seis petroleras privadas más grandes era 56% mayor al del ingreso promedio de las seis petroleras estatales más importantes del mundo en el 2013. Y cuando cayó el precio en el 2014, la brecha aumentó todavía más.

Cuando colapsó el precio del petróleo en los años ochenta, no todos los países exportadores de petróleo sufrieron crisis económicas. Varios, como Malasia, Canadá, Noruega e Indonesia, crecieron. Todos gozaban de altos niveles de libertad económica o los estaban aumentando. Si las políticas e instituciones domésticas permiten un incremento en la productividad, el crecimiento económico puede aumentar aun cuando caen los precios de los recursos naturales, como fue el caso de Chile con el cobre en los ochenta.

Kaznacheev usa reconocidos índices de competitividad, libertad económica y la facilidad de hacer negocios para mostrar que los países ricos en recursos naturales que se posicionan bien en esos indicadores también tienen un desempeño mayor que el promedio mundial respecto a indicadores de desarrollo humano y derechos civiles.

Los conflictos sociales relacionados a la explotación de recursos naturales requieren soluciones específicas que deben ser acompañadas por las políticas de apertura, libertad económica y respeto a la propiedad privada que han funcionado alrededor del mundo.

Tomado de elcato.org

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