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Ataque global a la libertad de expresión

EDUARDO BOWLES

La arremetida contra la libertad de expresión y los medios de comunicación independientes parece agudizarse en distintos puntos del planeta y la tendencia marca un riesgo muy grande, no sólo para un derecho humano fundamental, sino también para el sistema democrático, cuyo pilar básico es precisamente la libre circulación de información y la ausencia de censura. La decisión del autócrata venezolano, Nicolás Maduro de bloquear la señal de la cadena CNN no sorprende, tomando en cuenta la deriva dictatorial y represiva que ha tomado el régimen chavista, lo que asombra es que este incidente parece ser una réplica de los ataques que hace el presidente norteamericano Donald Trump, quien no deja pasar un día sin estrellarse contra los órganos de prensa, a los que acusa de mentir, los tilda de deshonestos y los amenaza constantemente.

El mandatario ha estado posicionando la idea de que las críticas que se difunden en los medios, las noticias sobre su forma tan particular de proceder y las filtraciones que repercuten públicamente, forman parte de las falsedades que circulan en las redes sociales y que los intelectuales han calificado como un fenómeno de la era de la “posverdad”.

No se trata de negar que la explosión de los medios electrónicos permiten ahora cierto libertinaje en el manejo de los datos, pero no se puede afirmar que internet ha inventado la mentira y menos usar este pretexto para combatir la libertad de expresión, que sin lugar a dudas se ha fortalecido gracias al aporte de la comunicación digital, que multiplica las voces, democratiza el acceso a la información y hace más fácil pescar a los mentirosos y a los que abusan de su poder.

Es por eso mismo que la clase política en todo el mundo, de todas las tendencias e ideologías parece estar conjurando contra la libertad informativa, que no es otra cosa que atentar contra el derecho que tienen los ciudadanos de estar al tanto de las acciones de los gobernantes y exigirles cuentas de sus actos. Eso no es posible si no se garantiza el pluralismo informativo y la existencia de medios con la solidez, la salud y el espacio para seguirle las huellas a los gobernantes, cuya obligación es cumplir la ley y atender las necesidades de la población.

Todos celebramos la caída de regímenes dictatoriales que fueron capaces de mantenerse a fuerza de contener la libertad e imponer voz única y justo cuando la civilización tiene el reto de avanzar y fortalecer la democracia, surgen pulsiones involutivas como la de Trump, que lamentablemente pueden marcar una tendencia global que está latente, pues en todas las latitudes se multiplican las expresiones de intolerancia, de nacionalismos extremos y radicalismos amenazantes.

No hace falta abundar en detalles sobre lo que está ocurriendo en Bolivia, donde está en marcha una sistemática guerra contra los medios, a quienes se pretende descalificar y restarles credibilidad, con el objetivo de mantener en pie una impostura que busca perpetuarse.

Tomado de eldia.com.bo 

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