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El último empleado formal apaga la luz

HUGO SILES 

La actual discusión sobre la derogación o modulación del artículo 12 (parágrafo II) de la Ley General del Trabajo referida al preaviso trae a la mesa de análisis el antiguo debate entre economistas neoclásicos y keynesianos sobre: ¿cuáles son las causas del desempleo?

Los neoclásicos (liberales) afirman que el desempleo se produce como consecuencia de un salario real excesivo; empero, los keynesianos sostienen que el desempleo es el resultado de una insuficiencia en la realización de la demanda efectiva de bienes y servicios. Para los primeros el desempleo es voluntario y para los segundos el desempleo es involuntario, pues no lo desean los trabajadores ni los empresarios.

En el enfoque neoclásico la demanda de trabajo está determinada por la productividad marginal del trabajo -cuando el empleo aún genera rentabilidad empresarial- y, por tanto, el ideal es que exista un mercado laboral que juegue en libertad en la determinación del salario y que sea lo más desregulado, y flexible posible en las condiciones jurídicas laborales; en cambio, en el enfoque keynesiano la demanda de trabajo está explicada por la demanda efectiva de bienes y servicios, razón por la cual la política fiscal debe ser expansiva y el aparato jurídico laboral ser más regulado e inflexible.

En los últimos años, en Bolivia se viene impulsando, desde las esferas gubernamentales, un mercado laboral formal inflexible en lo jurídico y una tendencia creciente del salario real del trabajador en lo económico. Este escenario castiga la generación de nuevas fuentes de empleo formal e impulsa la expansión del mercado laboral informal. Sólo dos de cada 10 trabajadores gozan de la formalidad laboral y ocho de cada 10 laboran en la informalidad. Dos viven en el paraíso laboral formal y ocho sobreviven en el Seol laboral informal.

En lo jurídico, el empleador/trabajador formal deben cumplir con el seguro de corto plazo del trabajador -CNS u otra caja de salud-, el seguro de largo plazo en las AFP (jubilación), el bono de antigüedad, las horas extras, los dominicales, los subsidios de natalidad y lactancia, las vacaciones, el aguinaldo y si corresponde el segundo aguinaldo, el pago del RC-IVA dependientes, entre otras obligaciones sociales. Y en caso de liquidación del empleado, corresponde el desahucio, el quinquenio, las vacaciones no tomadas, etcétera. En el mercado laboral informal no existen estos derechos del trabajador.

En lo económico, en los últimos 11 años el salario mínimo nacional para el sector laboral formal registró un incremento de 310%; es decir, pasó de 440 bolivianos, en 2005, a 1.805 en 2016, para una jornada laboral de cinco días por semana y ocho horas por día; empero, en el sector laboral informal el salario está por debajo del salario mínimo nacional e implica seis a siete días por semana y más de ocho horas por día. Los informales son ultra neoclásicos.

Hoy el incremento de los costos salariales y el incremento de las normas de despido laboral que dispone el Gobierno (preaviso) son una fuente de rigidez para las empresas que reducen su productividad y competitividad, y son un impulso al cierre de puertas para el ingreso de nuevos trabajadores formales.

Generar mayores rigideces laborales, por más nobles que sean y en un mercado laboral dual (formal e informal), es colocar mayor número de candados al empleo formal para los nuevos entrantes (jóvenes y mujeres), y mayor seguridad para los que actualmente están dentro en los mercados formales (antiguos trabajadores). Felicidades a los empleados formales, que San Pedro los protege con más bendiciones, e infelices los que sobre viven en el Seol de la informalidad, porque más cerraduras jurídicas y económicas les cierran las puertas del paraíso formal.

Si el Gobierno continúa emitiendo normas laborales y prosigue aumentando el salario real sin aumentos de productividad laboral en un mercado dual, entonces "el último empleado formal que apague la luz”. De buenas intenciones está empedrado el camino al Seol laboral informal.

Hugo Siles Espada es economista y comunicador social.

Tomado de paginasiete.bo