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La clave de la felicidad

EDUARDO BOWLES

Noruega, ubicado al norte del Europa, gélido y lejano, donde el sol se oculta en gran parte del año, acaba de ser calificado como el país más feliz del mundo en el índice de felicidad mundial 2017, de acuerdo a un estudio que viene realizado la ONU desde 2013 en 155 naciones. La República Centroafricana ocupa el último lugar y en América Latina, el mejor ubicado es Costa Rica, seguido de Brasil, México, Chile y Panamá. Conviene decir que de los diez países ocho son de Europa y solamente Australia y Nueva Zelanda no forman parte de este continente.

Muchas cosas se pueden decir de Noruega, pero fundamentalmente se debe afirmar que se trata de un pueblo muy bien informado. Tiene uno de los índices de lectoría de diarios más altos del mundo; el número de ejemplares vendidos es casi equivalente a la cantidad de hogares. Figura entre las que más libros edita; las que tiene más bibliotecas públicas y para estar a tono con la tecnología, posee uno de los servicios de internet más veloces y recientemente el gobierno noruego ha puesto en marcha un proyecto para digitalizar los libros de todos los archivos estatales para ponerlos al servicio de la gente, absolutamente libre y gratuito.

La gestión que hace Noruega en el campo de la cultura, con el objetivo de poner el conocimiento, la información y el legado histórico en manos de la población, es un modelo a seguir en Europa. Por si no fuera suficiente, es de los pocos en tener una ley de acceso a la información pública, que desde 1970 le ha permitido mejorar sustancialmente la transparencia gubernamental y colocarse en un sitial importante en el ranking internacional de los menos corruptos del mundo.

Cómo no va a ser feliz un pueblo que siente que tiene muy bien controlado a su gobierno y que sabe que este debe rendirle cuentas de lo que hace. Debe sentirse muy bien el que sabe que no es engañado, el que no se “traga” la propaganda oficial y que tiene los ojos encima del sector público para que nadie dilapide el dinero de los impuestos. Es reconfortante para un noruego común tener la seguridad de que los funcionarios y políticos están trabajando incansablemente para satisfacer las necesidad de la población con soluciones cada vez más creativas y “revolucionarias”.

Los autores del reporte dicen que los noruegos se sienten felices porque viven bien, pero eso es el resultado de un sistema político que ha dejado atrás las viejas taras que todavía son moneda corriente en el resto del mundo. Porque cuando los gobiernos tienen bien establecidos los límites y los roles están perfectamente determinados, no solo alcanza para garantizar un estándar de vida alto para la mayoría de los ciudadanos, sino para pensar en una sociedad moderna y cada vez más civilizada.

La mayoría de los recursos del país provienen del petróleo, pero Noruega no hace como el resto de las repúblicas extractivistas. Nadie se dedica a derrochar el dinero que sale de los pozos, sino que lo usan como un colchón financiero para incentivar la educación, la promoción social, la salud y la diversificación de la economía.

Tomado de eldia.com.bo

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