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Esos odiados imperios

EDUARDO BOWLES 

El embajador boliviano ante la ONU se ve muy “cool” usando la pañoleta típica de algunos pueblos árabes cuando sale en defensa del dictador sirio Bashar al-Ásad. Algunos creen que es un gesto de valentía y dignidad estrellarse abiertamente contra Estados Unidos y despotricar contra el bombardeo ordenado por Donald Trump. Lo que se debe considerar, sin embargo, es que tal vez nuestro país está incurriendo en una frivolidad inexcusable, con el único propósito de conseguir notoriedad mundial, para que en todos los rincones sepan de la existencia de Bolivia, único objetivo que ha estado presente en nuestra política exterior durante la última década.

Estados Unidos no va a ser el último imperio sobre la faz de la tierra y tampoco ha sido el primero. Lo que seguramente prevalecerá por mucho tiempo será la guerra de civilizaciones que empezó en la antigüedad, cuando las culturas, tanto de oriente como de occidente, comenzaron a expandirse y a pelear por lo que los alemanes llamarían “espacio vital” y especialmente, por ejercer el dominio sobre los “enemigos”.

El imperio más conocido y el más poderoso que haya existido fue Roma.

Sus dominios se extendieron sobre tres continentes a fuerza de espada, pero también con la ayuda de un vasto legado cultural, expresado en el derecho, en la ingeniería, la infraestructura y también en el arte de la política. Esa herencia, junto con el enorme aporte de los griegos y la tradición judeo-cristiana, conformaron lo que hoy conocemos como la civilización occidental, madre de la democracia, del humanismo, de los derechos esenciales y, por qué no decirlo, también del socialismo.

Durante más de siete siglos, los romanos resistieron el acecho de otros imperios, mal llamados “bárbaros”, porque en realidad eran pueblos altamente organizados, guerreros y con un desarrollo cultural muy avanzado como los persas, los otomanos, los cartagineses y obviamente, las tribus germanas del norte de Europa. Con la caída del “odiado imperio” (así lo hubiera calificado nuestro embajador en la ONU), esas potencias se apoderaron de gran parte de Europa: los musulmanes se establecieron en el norte de África y conquistaron el sur de la Península Ibérica, donde permanecieron ocho siglos; los otomanos, herederos del imperio mongol, llegaron hasta lo que hoy es Turquía, el umbral del continente europeo.

Fueron los “indeseables” reyes de la Edad Media, los señores feudales, los cruzados y clérigos que tomaron como base de unidad al Cristianismo, los que capearon durante nada menos que mil años las incursiones de los imperios orientales que traían la daga en la mano derecha y el Corán en la izquierda, decididos a cortarles la garganta a los “infieles”, tal como lo hacen hoy esos fanáticos que pretenden destruir la civilización occidental, y en el mejor de los casos, imponer sus leyes medievales y sus creencias en el resto del mundo. De no haber sido por todos esos imperios que tanto odian nuestros actuales gobernantes, el embajador boliviano en la ONU no usaría esa pañoleta por gusto, sino por obligación y nuestras mujeres andarían por las calles con el rostro cubierto.

Estados Unidos no va a ser el último imperio sobre la faz de la tierra y tampoco ha sido el primero. Lo que seguramente prevalecerá por mucho tiempo más será la guerra de civilizaciones que empezó en la antigüedad.

Tomado de eldia.com.bo



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