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Constitución o violencia

VÍCTOR PAVÓN

Con la lucidez mental y el carácter vigoroso que lo caracterizaban, el notable líder político británico y Premio Nobel de Literatura Winston Churchill (1874- 1965) dijo: " La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre...con excepción de todos los demás".

Sabemos que aun con sus deficiencias la democracia resulta beneficiosa. Es un hecho apreciable el tener que votar a los que queremos lleguen al poder y desplazarlos, echarlos de los cargos que circunstancialmente ocupan y todo eso sin necesidad de violencia.

La democracia es un método de elección que requiere, por cierto, de un sistema electoral abierto que permita no solo votar sino también elegir. Esto ya es un gran avance si se lo compara con lo que existía. Así, las monarquías se degeneraron en tiranía y la aristocracia terminó en oligarquía. Por supuesto, la democracia tampoco está exenta de su degeneración debido a que contiene en su simiente el populismo y la demagogia.

Sin embargo, la democracia si es constitucional, liberal y republicana, puede evitar su degeneración, pese a que el populismo como la demagogia tratan de derribarla. Y solo hay un modo de impedir que los peligros a los que se encuentra la convivencia democrática no terminen en violencia. La barrera de contención es el respeto irrestricto de las reglas de juego aprobados por el pueblo y la misma se manifiesta en la Constitución y en su férrea defensa.

La Constitución es un contrato y como tal consensuado, el principal en la sociedad política civilizada por el cual se establecen los límites del poder. Esto de limitar el poder es fundamental. La historia registra que no ha sido fácil y no lo será hasta tanto se comprenda aquello que el gran Montesquieu dijo acerca del "espíritu de las leyes", siguiendo a su magna obra. El "espíritu de la ley" no es una cita religiosa o algo abstracto; se manifiesta en la redacción, en el sentido gramatical del texto, lo que de suyo ya es clave y de ahí la recomendación para que el mismo sea claro y conciso.

No fueron en vano las enseñanzas de los maestros cuando decían que el objetivo, la finalidad que se denomina telésis de la legislación (Constitución) tiene un valor superlativo a la hora de su interpretación y aplicación. Y, en el caso de la Constitución del Paraguay, esa télesis está claramente expresada por la manifiesta intención de los convencionales que en Asamblea Constituyente cobijaron el sentimiento popular de aquellos días; la razón y la letra de nuestra Constitución fue y es el de evitar una nueva dictadura o el surgimiento del cualquier forma de autoritarismo expresando que el presidente de la República no vuelva a ocupar por otro periodo su cargo.

Es cierto, no sucedió lo mismo con los representantes, diputados y senadores que pueden ser reelectos “sine die” sin plazo alguno, siendo clara la expresión “…y podrán ser reelectos” (Art. 187 C.N), lo que deberá ser modificado en su momento. Muy diferente, sin embargo, sucede en cuanto a la establecido para el Poder Ejecutivo: “…el presidente y vicepresidente no serán reelectos en ningún caso” (Art. 299 de la CN). Solo hay un modo de garantizar a cada hijo de esta bendita tierra y de los extranjeros que en ella habitan su vida, libertad y propiedad y esa es la Constitución.

Tomado de elcato.org

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