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El destino de los recursos del IDH

EDUARDO BOWLES

En este mismo espacio hablábamos ayer de lo grande que le quedó la bonanza económica al Estado boliviano, que ni siquiera ha tenido la capacidad de gastar. No digamos gastar bien, porque eso está en entredicho, sino de usar todos los fondos disponibles en programas y proyectos públicos que ayuden a paliar en cierta forma la crisis económica que comienza a calar hondo. Es tal la desestructuración que existe en el aparato estatal y la falta de eficiencia, que nadie busca la forma de darle un destino a 94 mil millones de bolivianos que están guardados en los bancos, sino que se apela al endeudamiento y al uso del Banco Central como caja chica, para seguir con el derroche.

Ahora vamos a abordar el mismo tema, pero en el contexto de la pregunta: En qué se ha gastado durante este periodo de oro, en el que ingresaron alrededor de 200 mil millones de dólares al erario público. Todos hablan de las canchas de fútbol, de los coliseos y las “obras de cristal”, extremadamente frágiles y delicados, pero muy costosas; pero las cosas podrían ser peor que eso.

De acuerdo a un reciente informe de la Fundación Jubileo, una de las instituciones mejor documentadas sobre el manejo de los fondos públicos, el 66 por ciento de los recursos del Impuesto Directo a los Hidrocarburos (IDH) fueron destinados a gastos corrientes, es decir, el pago de sueldos y funcionamiento de las instituciones y sólo el 34 por ciento sirvieron para inversiones en proyectos de algún impacto en la producción o en la calidad de vida de los ciudadanos.

El cálculo de Jubileo está hecho en base a datos del periodo 2011-2017 y fue presentado en un documento titulado “Más Gasto que Inversión”. El enfoque sobre el IDH es muy significativo, puesto que se trata de una gran parte de los recursos generados por el auge de los hidrocarburos; es la esencia de todo el esfuerzo extractivista del país; el resultado de la gran conquista de la “Guerra del Gas” y la plataforma discursiva que se armó con la supuesta recuperación de los recursos naturales.

El informe indica que en este periodo el Estado recibió más de 15.000 millones de dólares por IDH, lo que representa más de 20 por ciento de los ingresos tributarios. Los principales beneficiarios fueron: municipios con 33 por ciento; Renta Dignidad, 22 por ciento; Tesoro General de la Nación (Nivel Central), 20 por ciento; gobernaciones, 13 por ciento, y universidades, 7 por ciento.

Además del derroche en gastos corrientes, “se observa una dispersión en el uso de estos recursos hacia un gran número de finalidades, lo que refleja que los niveles de gobierno han atendido, con estos recursos, diferentes necesidades y demandas, más allá de un plan estratégico o proyecto conjunto”, dice el documento.

Tanto esfuerzo, tanta destrucción de la naturaleza, tanta postergación de los proyectos nacionales que necesitaron gas y no lo tuvieron (porque la prioridad era exportar), tanta revolución, proceso de cambio y al final el grueso del dinero se fue en costear el inmenso aparato público que se armó y que ha dejado muy poco en la transformación de la estructura productiva boliviana, que sigue tan frágil y dependiente como lo ha sido a lo largo de la historia.

Tomado de eldia.com.bo

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