Buscar en nuestras publicaciones:

Qué tiene el Perú

EDUARDO BOWLES

Difícilmente se puede encontrar dos países tan parecidos como Bolivia y Perú. “Son casi mellizos”, acaba de decir un analista. Ni siquiera Argentina y Uruguay tienen tantas coincidencias, a pesar del mate, el fútbol y la forma de hablar. Peruanos y bolivianos compartimos la misma historia, tragedias casi idénticas como la Guerra del Pacífico, problemas sociales calcados e incluso procesos políticos muy parecidos, con ciclos que han transitado por las dictaduras, periodos de fragilidad democrática y también por fases populistas.

Por fortuna, para Perú, cada vez nos parecemos menos y Bolivia parece alejarse de los ideales de progreso que tanto se han pregonado y prometido en todos los periodos políticos, incluido el que estamos viviendo en la actualidad. Ya no es un secreto que desde hace una década Perú ha comenzado a parecerse más a Chile, el país que más ha avanzado en América Latina en la ruta de la prosperidad económica, la apertura al mundo y sobre todo, en materia de indicadores sociales, lucha contra la pobreza y, si hablamos de corrupción, los chilenos son también los que presentan mayores progresos en este aspecto.

Hace poco, uno de los intelectuales más brillantes de América Latina, el mexicano Enrique Krauze, escribió un artículo titulado “Perú mueve montañas”, que resume a su manera lo que muchos otros llaman el “milagro peruano”, que ha conseguido trascender el tiempo, consolidarse y superar obstáculos como la gran amenaza del populismo que ha hecho estragos otros países del continente en la última década. Lo extraordinario, para Krause, es que más allá del notable crecimiento económico peruano, la estabilidad política y el evidente avance social, Perú “está modificando la penosa concepción que por mucho tiempo ha tenido de sí mismo y de su lugar en el planeta”. Eso, de acuerdo al análisis, es un gran avance cultural, porque se trata de cambiar la mentalidad y las costumbres, aspectos determinantes en la transformación estructural de un país.

Los peruanos ya no se ven incapaces e inferiores como solían hacerlo en el pasado, no se conciben esclavizados de las tragedias de la historia y parecen haber dejado atrás sus desdichas, los terribles enconos étnicos y hasta las “maldiciones geográficas”, como ocurre en Bolivia con el enclaustramiento marítimo, el mismo que le hubiera servido de pretexto a Suiza para no ser lo que es.

Perú ha superado el horror de la guerrilla senderista, de la misma forma que lo hizo con la dictadura fujimorista y el desastre económico que ocasionaron ambos fenómenos. En este momento, el Perú enfrenta con mucha madurez “el Gobierno de un militar golpista que pasó de concebirse como un "redentor" inspirado en Chávez a un líder que considera "obsoletas las divisiones de izquierda y derecha", que defiende ante todo el Estado de Derecho, y sigue la pauta de Lula y Rousseff”, dice Krause.

“Por si fuera poco -termina el comentario-, Perú brilla internacionalmente por su cocina, por su cultura y, desde luego, por el Premio Nobel de Literatura concedido a Vargas Llosa en 2010”. En Bolivia no hacemos otra cosa que preguntarnos, qué tiene el Perú, que no tengamos nosotros.

Tomado de eldia.com.bo

Búscanos en el Facebook

Artículos del autor