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Hacia el Estado democrático y neutral

ARMANDO MÉNDEZ

Las sociedades, en su proceso de avance evolutivo, se dirigen a la consolidación de Estados democráticos verazmente representativos y neutrales en un contexto de economía de mercado mundial. Se entiende por esto, aquel Estado que no privilegia a grupo social alguno y realiza funciones imprescindibles que toda sociedad moderna requiere, como son las de seguridad, infraestructura y garantía de estabilidad económica, para lo que debe disponer de normas, previamente establecidas por sus poderes legislativos e instituciones.

El intervencionismo estatal, tan en boga en el mundo, debilita la democracia y ha demostrado ser contraproducente para los objetivos de lucha contra la pobreza, y se ha constituido en fuente de conflicto social porque incentiva a que todos dirijan su mirada hacia las instituciones estatales para la solución de sus particulares problemas, lo que es humanamente imposible que pueda ser realidad.

Si se observa el papel de la política en la sociedad, las conclusiones no son buenas. Lo que se hace en las reparticiones del Estado está sujeto a las presiones de particulares con poder y de los grupos de interés que siempre merodean sobre él.

Las estimulaciones del político no tienen asidero alguno para considerarlas moralmente superiores a las motivaciones de los empresarios. En tanto, el empresario abiertamente muestra su interés por las ganancias y el político oculta su verdadero interés, que es gozar del poder y/o de canonjías. Entre tanto, los empresarios son los verdaderos motores de la creación de la riqueza para beneficio de todos los participantes en los mercados; mientras que los políticos son gastadores y hasta dilapidadores de la riqueza creada por las empresas. Parafraseando a Ayn Rand, se puede decir que, mientras el mundo de la política se especializa en otorgar autorizaciones a privilegiados empresarios para producir algo, mientras incentiva el tráfico no de bienes sino de favores, permitiendo que la gente se haga rica por los sobornos y por las influencias y no por el trabajo, los empresarios sostienen al mundo como lo hace el mítico Atlas. Si se rebelasen éstos, se cae el mundo.

Si se preguntase a qué rama de la economía corresponde esta opinión, debería decir que es al campo de la "economía política”, nombre con el que inicialmente se conoció a lo que hoy se denomina economía a secas. Los pensadores clásicos sobre tópicos de economía, como Adam Smith, David Ricardo y Karl Marx, se dieron cuenta de que las actividades económicas, en toda sociedad, se desenvuelven en un contexto político, por lo que consideraban la incidencia de la política estatal sobre la actividad económica de una sociedad cualquiera.

El nombre de economía política parte de supuestas descubiertas leyes generales de la historia que inexorablemente conducirían a la humanidad a la sociedad perfecta, a la sociedad comunista, previa una etapa denominada socialismo. En la sociedad comunista desaparecería el Estado, entendido éste como una estructura institucional para el dominio de la clase capitalista sobre la clase obrera.

Siempre será importante proseguir estudiando el papel que cumple el Estado, no sólo en el funcionamiento de la economía cotidiana, tema que se estudia en lo que se denomina macroeconomía y en sus especialidades, sino en la estructuración de los fundamentos de una economía determinada.

Si me preguntasen cuál es la principal motivación que está detrás de esta reflexión, diría que es la percepción de que siempre se observa una desenfrenada lucha por el poder político en cualquier parte del mundo. ¿Por qué esas siempre duras contiendas electorales, o de otro tipo, que parecen verdaderas batallas para llegar al Gobierno? ¿Es porque les anima un dominante y legítimo sentimiento de servicio público? Mi respuesta es no, mayoritariamente les anima la búsqueda de canonjías y/o de poder, para el usufructo de ciertos intereses de quienes llegan al Gobierno y que aprovecha la ingenuidad y el desconocimiento de la gente.

Las grandes mayorías sociales son crédulas al mensaje de que el Gobierno les resolverá sus problemas económicos y les asegurará bienestar. Y esta ilusión terminará sólo cuando se plasmen los Estados democráticos y neutrales.

Francis Fukuyama, en su obra El fin de la historia y el último hombre, sostiene que en el mundo se generalizará la democracia representativa como orden político y la economía de mercado como orden económico.

Armando Méndez Morales / Profesor emérito de la UMSA y expresidente del Banco Central de Bolivia.

Tomado de paginasiete.bo

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