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La crisis no se ve pero nos ataca

EDUARDO BOWLES 

Con la crisis económica en Bolivia está ocurriendo lo mismo que la fábula del lobo y la ovejita mentirosa, nada más que funciona al revés. Todos pueden ver que el depredador ya está entre nosotros, pero nadie quiere reconocerlo, se lo minimiza, algunos aseguran que no nos va a hacer nada y hay quienes creen que se trata solo de un cachorro inofensivo que no producirá más que algunos arañazos.

En el Gobierno directamente están convencidos de que el lobo no existe y no dejan de insistir en sus argumentos engañosos como “el crecimiento más alto de Sudamérica”, las millonadas de inversión pública, el éxito del modelo económico plurinacional, el estatismo, las empresas públicas y todo aquello.

Nadie quiere ver el déficit fiscal que ha estado creciendo como bola de nieve desde el 2014; el valor de las exportaciones de gas que se ha reducido a la mitad; la estrepitosa caída de las reservas internacionales, usadas como colchón que financia la aventura populista y que no dejan mucho margen de acción para el futuro; las fuertes señales de contracción de industrias como la construcción, que durante la última década ha sido una de las pocas que ha mantenido un crecimiento notable y sostenido; los indicios preocupantes de la banca con un menor crecimiento de los ahorros; el cierre de empresas privadas y el desempleo creciente, que alcanza también a YPFB, donde han cesanteado decenas de trabajadores y por último, los datos que nos ofrece el mercado internacional y las tendencias mundiales en el uso de la energía que no dejan posibilidades de pensar en el retorno de la bonanza que se produjo gracias a un petróleo de cien y más dólares el barril y que condenan a la recesión a las naciones Bolivia, cuyo aparato productivo depende de la matriz extractivista.

Por si esto fuera poco, el Fondo Monetario Internacional (FMI) acaba de publicar sus previsiones para este año y confirma que Brasil seguirá en un proceso recesivo, con una lenta recuperación, aún menor que la anticipada el año pasado, cuando se había visualizado la luz al final del túnel.

Para el FMI, no hay duda que la crisis brasileña ha estado arrastrando a la región y lo seguirá haciendo, tal como lo demuestran los nuevos cálculos del crecimiento que para Bolivia se reducen en un 0,5 por ciento y en un 0,7 de lo que había pronosticado el Banco Central de Bolivia. Si bien el organismo internacional cree que el 2018 habrá un crecimiento promedio del 1,9 por ciento en América Latina (casi el doble de 2017), se trata de una cifra bastante inferior al avance global que se situará entre el 3,5 y 3,6 por ciento.

Este mal desempeño solo se puede explicar por la crisis brasileña que tiende a persistir mientras se mantenga el caos político que dejaron los gobiernos populistas de Lula y Dilma Rousseff y deja una conclusión clara sobre la mala decisión que tomaron los líderes de esa misma tendencia en Sudamérica, de concentrarse excesivamente en el mercado interno y en el comercio con los países vecinos y especialmente con los que eran afines ideológicamente. Es momento no solo de reconocer los problemas, iniciar un periodo de austeridad, sino también cambiar la orientación de la economía, altamente politizada.

Tomado de eldia.com.bo

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