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Los peligros de la elección judicial

EDUARDO BOWLES

Al Gobierno boliviano podría ocurrirle lo mismo que le sucedió al chavismo cuando intentó legitimarse a través de la organización de una asamblea constituyente elegida en el marco de un grotesco fraude consumado el pasado 30 de julio. Hablamos de la votación prevista para el 3 de diciembre en la que se elegirá a los nuevos magistrados del Órgano Judicial de una lista de 96 postulantes, la gran mayoría de ellos (74%), ex funcionarios del Gobierno y militantes del partido en funciones.

En otras palabras, sea quien fuere el elegido, los puestos de los principales cargos en disputa caerán en manos oficialistas, objetivo muy bien definido para conseguir el aval jurídico necesario para buscar la cuarta postulación del presidente Morales y su acompañante de fórmula.

En Venezuela, pese a todas las evidencias de violencia, abusos, escasez, corrupción y tantas otros problemas originados en la administración chavista, todavía quedaban algunas dudas sobre la legitimidad de las protestas de la oposición y aún se mantenía la idea de un supuesto apoyo popular sólido al presidente Maduro.

Todos esos cuestionamientos se derrumbaron, no solo por el contundente referéndum del 16 de julio que capitalizó un rechazo superior al 70 por ciento a la constituyente, sino por el estrepitoso fracaso del 30 de julio, con menos de un tercio de participación de los votantes, a lo que se sumó el intento del régimen de “meter de contrabando” más de un millón de votos según lo denunció la empresa encargada del conteo electrónico, la inglesa Smartmatic; aunque las denuncias hablaban de un fraude mucho mayor.

Con todo esto, a la comunidad internacional no le quedó ninguna duda de los intentos de Nicolás Maduro de imponer una dictadura y prueba de ello es que posteriormente llovieron pronunciamientos en contra y también sanciones económicas, que fueron respondidas desde Caracas con medidas políticas aún más despóticas como el cierre del Congreso.

Recordemos que en las elecciones judiciales de 2011 en Bolivia, los grandes ganadores fueron los votos nulos y blancos que sumaron el 60 por ciento, hecho que debió ser tomado como una enérgica señal de rechazo a ese proceso que derivó en un deterioro aún mayor de la justicia en el país. Lo más sano para la democracia y para el que debiera ser el primer poder del Estado, hubiera sido anular todo, pero en cambio se decidió repetir la dosis con un componente de manipulación más grande y burdo.

No cabe duda que el repudio a la angurria reeleccionista es mucho mayor ahora, hecho que quedó expresado en el referéndum del 21 de 2016 y se incrementará el 3 de diciembre. Los opositores han lanzado ya su campaña para impulsar el voto nulo y lo más repudiable ha sido precisamente la reacción de las autoridades electorales que han respondido con amenazas hacia estas iniciativas. Obviamente esto suma el factor de credibilidad del árbitro y el peligro de fraude. Lo mismo que en Venezuela.

No cabe duda que el repudio a la angurria reeleccionista es mucho mayor ahora, hecho que quedó expresado en el referéndum del 21 de 2016 y se incrementará el 3 de diciembre.

Tomado de eldia.com.bo 

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