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Santa Cruz ¿líder?

EDUARDO BOWLES

No se sabe si por el entusiasmo que provoca la fiesta más importante de los cruceños, se ha puesto sobre el tapete el supuesto liderazgo político de Santa Cruz, un asunto que estuvo en la agenda entre los años 2005 y 2009, cuando esta región encabezó el movimiento autonomista, uno de los fenómenos políticos más importantes desde el retorno de la democracia al país en 1982.

Fue la única vez desde la persecución y asesinato de Andrés Ibáñez en 1877 o desde la movilización de milicias emenerristas para sofocar las revueltas cívicas de finales de los años 1950 que el centralismo andino vio peligrar su hegemonía y organizó operaciones militares (Porvenir, cerco a Santa Cruz, toma de Cochabamba, caso Rózsa) para poner nuevamente de rodillas a los departamentos que se unieron a los cruceños en esta demanda destinada a eliminar el monopolio del poder en Bolivia y mejorar la distribución de los ingresos públicos, manejados al mejor estilo de las monarquías absolutistas de la Edad Media.

Los eventos históricos mencionados arriba y muchos otros, como el papel que tuvo Warnes, José Miguel de Velasco, Germán Busch, Melchor Pinto, la incidencia para la recuperación del orden constitucional al país, el fortalecimiento de la democracia municipal, la elección de los prefectos y la descentralización, han hecho de Santa Cruz un verdadero líder en el país, pues además, ha sabido mantener un modelo económico exitoso basado en la defensa de la libertad y la propiedad, valores que atraen a cientos de miles de habitantes de otras latitudes que huyen de las dictaduras comunitarias y sindicales que lamentablemente tienen tomado el territorio nacional y amenazan con contaminar justamente este bastión cruceño, donde la gente ha podido vivir, trabajar y prosperar independientemente de su origen o su inclinación ideológica.

Por desgracia hoy no tenemos los líderes que den la talla para defender esos tesoros y en todo caso se observa cómo la genuflexión es la moneda corriente de quienes se quedaron en las frases hechas, en los carajazos y los discursos carraspeados desde las tarimas.

Están defendiendo algunos intereses concretos, pero nadie sale a favor de los bosques que son devastados por la marabunta cocalera; ya nadie saca la cara por los perseguidos y encarcelados por defender la autonomía; nadie lucha por la legalidad, la constitución y la democracia; nadie está gritando por las propiedades avasalladas, por los productores acorralados ni por las acciones que ahogan a quienes quieren producir, invierten y generan empleo.

Nadie duda que el liderazgo andinocentrista hace inviable a Bolivia y mantiene al país en el atraso y en aislamiento, pero el peor camino hacia el cambio es el silencio y mucho más el sometimiento de nuestros líderes hacia ese esquema decadente que nos mantiene como si fuéramos una colonia que sigue ejerciendo una suerte de imperialismo en las regiones, en los territorios indígenas, sobre los recursos naturales y los medios de producción. La consolidación del liderazgo cruceño será un proceso largo, nadie lo duda, pero avanzará cuando tengamos a la cabeza a los hombres y mujeres que se pongan a la altura de este desafío.

Tomado de eldia.com.bo

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