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La política debe garantizar la libertad y la propiedad

VÍCTOR PAVÓN 

Siete de cada diez paraguayos consideran que los políticos son los más corruptos, por encima de los funcionarios y jueces, según una reciente encuesta elaborada por Transparencia Internacional en América Latina y el Caribe. No es de sorprendernos esta percepción de la gente.

En un país compuesto en su mayoría por jóvenes resulta sumamente preocupante. Es necesario volver a buscar los fundamentos para que la política y los políticos sean garantes de la libertad y la propiedad y pese a que muchos muestran su menosprecio hacia todo lo que implican las decisiones que se toman desde los partidos políticos y el mismo gobierno, la realidad es que pronto se percatan que afecta a sus vidas.

La economía, las leyes, la propiedad, la salud, la educación, los impuestos; en suma, el poder como sinónimo de coerción se encuentra directamente relacionado con la política.

Si la política sigue en este derrotero, la democracia terminará por ser devorada por el populismo y la demagogia, para luego dar paso definitivamente al gobierno de los peores.

Afortunadamente hay una forma de revertir esta situación. Acertadamente los griegos en la antigüedad entendieron que la política consiste en la administración de la polis, de la ciudad para hacer posible la República bajo el imperio de la ley. La piedra filosofal de la política se yergue sobre el precioso ideal republicano de la libertad bajo la ley y lo es aún en el siglo XXI de la tecnología y el conocimiento. Es la mejor forma de resolver los conflictos, administrar y limitar el poder en una sociedad.

Si en el pasado fue reprochable que la muchedumbre exaltada en las plazas hiciera suyo el gobierno para violar los derechos de los demás, en la actualidad no es diferente a lo que se hace en la política moderna cuando sus miembros reunidos en recintos cerrados y sin rendir cuentas a nadie, legislan para sus propios intereses. De los privilegios al despotismo hay un solo paso.

No fue una casualidad sino una causalidad el hecho que la Atenas clásica y luego en la Roma Republicana se diera el primer avance civilizador y tiempo después sucediera lo mismo en Holanda e Inglaterra en los siglos XVI y XVIII; para trasladarse posteriormente al nuevo mundo, en Estados Unidos desde su Declaración de Independencia en 1776.

Esta tradición liberal republicana no es ajena al Paraguay. Fue el faro que sirvió de guía a nuestros próceres en aquel glorioso mayo del año 1811. Como dice el Himno Nacional: “Nuestro brío nos dio libertad, ni opresores ni siervos alientan, donde reinan unión e igualdad”, preciosa estrofa que la nueva generación debe honrar.

Tomado de elcato.org 

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