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El ciudadano quiere la verdad

ESUARDO BOWLES

Los gobiernos autoritarios se empeñan en restarle importancia a la libertad de expresión y descalifican -como lo ha hecho el régimen boliviano-, a cualquiera que intente llamar la atención sobre los problemas que enfrentan los medios de comunicación y los periodistas para narrar con independencia lo que sucede en el país y especialmente con los asuntos de interés público.

No existe ningún país en el mundo que haya podido progresar de manera sistemática, sostenible e integral, sin el concurso de la libertad de prensa, garantía que protegen a rajatablas porque saben que detrás de la libre circulación de las ideas y del pensamiento llegan los adelantos, las innovaciones y el desarrollo en todos los campos, no solo en el político o económico, sino también en la ciencia y la tecnología.

Por el contrario, el denominador común de las naciones atrasadas es la ausencia de libertad, de pluralismo y obviamente un esquema de control estricto que evita el disenso, el diálogo, el intercambio y la lucha ideológica, herramienta indispensable para mejorar la calidad de vida de los pueblos.

Siempre se ha creído que la protección de la libertad de expresión es un deber de los estados, una responsabilidad de la sociedad civil organizada o el resultado de políticas públicas expresadas en leyes que preservan las garantías y los derechos de los ciudadanos, pero lamentablemente las élites no siempre están dispuestas a crear las condiciones ideales que aseguren el libre flujo de noticias que muchas veces suelen interpelar a los gobiernos y a los poderosos.

Con el auge de internet y las redes sociales, los ciudadanos han tomado la batuta en este asunto y son ellos quienes han creado el ambiente ideal y se han dotado de las herramientas necesarias para propagar expresiones pluralistas sin ningún tipo de condicionamiento político. Desafortunadamente en este ambiente de hiperconectividad y de accesibilidad tan grande se han producido algunas disfunciones, tal como se observa en el fenómeno de la “posverdad” que no es otra cosa que la utilización abusiva de los instrumentos digitales para difundir noticias engañosas, verdades a medias y desarrollar esquemas de manipulación que se han puesto al servicio de proyectos como el de Donald Trump, de la dictadura china, del totalitarismo cubano y los abusos de la Rusia de Putin, que han hallado la forma de poner a la web al servicio del control de la opinión pública.

Estos hechos han provocado sin embargo, el resurgimiento de una conciencia mundial que ha revalorizado el papel de los medios de comunicación tradicionales y del periodismo comprometido con la verdad, hechos que se observan en la multiplicación exponencial de las suscripciones a los medios que investigan, que cuestionan y que responden con irreverencia ante los abusos de poder. Justo esta semana se dio una noticia que revaloriza la prensa de calidad. Por primera vez, los ingresos que aportan los suscriptores al diario británico The Guardian, uno de los mejores del mundo, superan a la publicidad e incluso hay millones de lectores que hacen donativos extraordinarios para permitir que las noticias sigan circulando.

Tomado de eldia.com.bo 

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