Buscar en nuestras publicaciones:

Echando gasolina a la crisis

EDUARDO BOWLES 

Parece un exceso de susceptibilidad la polémica que se ha armado en torno a la nueva variedad de gasolina anunciada recientemente por el Ministerio de Hidrocarburos. Pero hay que reconocer que la falta de información, el efecto sorpresa y la escasa credibilidad que tiene hoy el Gobierno contribuyen de sobremanera a generar la confusión. Obviamente, poner a un aficionado al show a explicar el asunto con hamburguesas, no solo le quita seriedad al tema, sino que aporta aún más desconfianza.

Una empresa normalmente guarda en secreto sus nuevos lanzamientos porque teme que la competencia se le adelante y le “robe” la idea. Aun así, los expertos en marketing recomiendan generar cierta expectativa, de manera de crear un clima receptivo en el mercado. En consecuencia, qué sentido tiene que YPFB actúe como si fuera una hamburguesería que anuncia inesperadamente un nuevo “combo”, si se trata de un monopolio, una empresa que no tiene competencia y que con suma tranquilidad y confianza puede anunciar sus proyectos, hacer los preparativos en los surtidores, generar la confianza de los consumidores y llevar adelante todo un cronograma de comercialización, con pruebas, grandes eventos y toda la parafernalia que los políticos saben muy bien hacer.

En el Gobierno saben perfectamente, porque ellos han sido los principales instigadores, que la opinión pública está altamente polarizada y crispada en relación a toda novedad que se lanza desde cualquier ámbito público. El oficialismo tiene a disposición un inmenso aparato de comunicación que se dedica a descalificar y cuestionar y ahora se queja porque se producen cuestionamientos lógicos a una medida anunciada sin la necesaria sutileza.

El Gobierno no es sincero cuando se refiere a la crisis económica; no admite que la situación es difícil y lo peor de todo es que en los hechos, sigue actuando como en los tiempos de bonanza, derrochando, anunciando inversiones millonarias en proyectos de escasa proyección e incrementando el déficit fiscal de manera galopante. La gente necesita explicaciones; requiere señales que le ayuden a encarar un proceso de austeridad, que debe empezar por las instituciones públicas y obviamente, terminar en cada uno de los hogares, donde todos tienen la obligación de contribuir a que la economía se recupere y cobre vitalidad.

En ese sentido, desatar gratuitamente la sospecha de un gasolinazo, que ojalá no sea más que un rumor y nada más, no deja de ser una torpeza que podría generar consecuencias adversas, pues sabemos que en estos casos suelen surgir picos de especulación que se deben evitar a toda costa.

En cualquier caso estamos frente a un nuevo caso de ineficiencia, pues si se trata de un genuino proyecto productivo, las chapucerías lo ponen en peligro y lo encaminan a un posible fracaso. El Gobierno también pierde la oportunidad de recurrir a la sinceridad sobre el estado de la economía y la necesidad de reducir los subsidios que ocasionan serias distorsiones en las finanzas públicas.

Tomado de eldia.com.bo

Búscanos en el Facebook