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Dictadura, Fuerza y Derecho

Fuente: eldia.com.bo ( por EDUARDO BOWLES) 

No vale la pena abundar sobre las aberraciones jurídicas que se han cometido para aprobar la cuarta postulación del presidente Morales. Todas son absurdas e insostenibles, aunque en el plano político una vez más se cumple el paradigma más importante del “proceso de cambio”, que no hace más que emular la motivación de Mefistófeles, quien personificaba al diablo en “Fausto”, la obra maestra del alemán Johann W. Goethe: “Si se tiene fuerza, se tienen derechos”, versión elegante de aquel “Meterle nomás aunque sea ilegal”.

En el Gobierno están convencidos de que esa fuerza proviene del pueblo y por eso les molesta mucho que se hable de dictadura y a lo mejor es porque no tienen intenciones de actuar como tal, es decir, con arma en mano y sin importar el derramamiento de sangre. En los últimos 11 años han aprendido a usar muy bien la justicia como método represivo y evitar las salpicaduras que tanto horror causaron en los años 60 y 70 del siglo pasado.

¿Se puede lograr tal cosa? ¿Es posible que, como dijo ayer el presidente Morales, su continuidad sirva para mantener la estabilidad y lograr que todos los bolivianos conserven sus empleos? Se trata de dos aspectos que, en honor a la verdad, el Gobierno ha controlado bastante bien en este tiempo, aunque el mérito ha sido de las excelentes condiciones externas, que multiplicaron los ingresos y permitieron derrochar en todas direcciones.

Aún así, se podría considerar que el oficialismo tiene la fuerza para capear el fin de esa bonanza y el recrudecimiento de la crisis económica, que comienza a mostrar su lado más feo. Solo para darse una idea, en este mes de diciembre, ingresarán 1.400 millones dólares menos a la economía producto de la reducción del monto global que se paga por aguinaldos. No estamos hablando de la suspensión del pago doble, sino de la caída del decimotercer sueldo, que obviamente está reflejando el achicamiento de la actividad en el país, es decir, cierre de empresas, despidos y en el mejor de los casos, el paso a la informalidad, pues el Banco Central también reveló que apenas el 20 por ciento de los trabajadores cobra este beneficio.

Menos plata del aguinaldo significará menos ventas, menos movimiento y, lamentablemente más quiebras y más despidos, incremento del malestar social, protestas y movilizaciones, mientras el Gobierno va dando señales de desesperación por la falta de dinero a través del incremento de las tarifas de electricidad y del gas y de un gasolinazo disfrazado. La plata que queda se gastará en campaña electoral, en comprar conciencias y mantener el aparato represivo capaz de contener los brotes de malestar que surgirán en todas direcciones. Ya ni siquiera habrá suficiente para seguir inflando la inversión pública con megaobras que activan la economía. En estas circunstancias, un líder democrático haría lo que hizo Siles Zuazo, Mesa e incluso Sánchez de Lozada, que pudo haber continuado con la fuerza de las armas. Este régimen tiene el talante de seguir los pasos del venezolano Nicolás Maduro.

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