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Acerca de la educación universal y gratuita: lo que se ve y lo que no se ve

HANA FISCHER

Las multitudinarias y coloridas manifestaciones estudiantiles en Chile del año pasado exigiendo una universidad estatal universal y gratuita, tuvieron gran repercusión mundial. A raíz de ello, el tema pasó a ser objeto de análisis por estudiantes universitarios en otros países de Latinoamérica.

Como en Uruguay ya estamos “de vuelta” de las nefastas consecuencias de tomar ese camino, un amigo de Costa Rica me pidió que escribiera este artículo. Lo que él quiere, es ilustrar a las jóvenes generaciones acerca de los males inherentes a una educación “universal y gratuita” en función de la experiencia uruguaya. Es de hacer notar, que esto se logró a principios del siglo XX. Y a partir del slogan “no al lucro” en la educación, se instituyó el monopolio legal de la educación terciaria para el Estado. Hasta 1984 (¡!) en el Uruguay se permitió la existencia de una sola universidad: la estatal.

Frédéric Bastiat en su obra “Lo que se ve y lo que no se ve” expresa lo siguiente:
"En la esfera económica, un acto, una costumbre, una institución, una ley no engendran un solo efecto, sino una serie de ellos. De estos efectos, el primero es sólo el más inmediato; se manifiesta simultáneamente con la causa, se ve. Los otros aparecen sucesivamente, no se ven; bastante es si los prevemos".


Toda la diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever.
Pero esta diferencia es enorme, ya que casi siempre sucede que, cuando la consecuencia inmediata es favorable, las consecuencias ulteriores son funestas, y vice versa. Así, el mal economista persigue un beneficio inmediato que será seguido de un gran mal en el futuro, mientras que el verdadero economista persigue un gran bien para el futuro, aun a riesgo de un pequeño mal presente.

Lo mismo vale para la higiene o la moral. A menudo, cuanto más agradable es el primer fruto de una costumbre, más amargos son los siguientes. Por ejemplo: la corrupción, la pereza, el prodigarse. En cuanto un hombre, impresionado por el efecto que se ve, no habiendo aprendido aún a comprender los que no se ven, se abandona a sus funestas costumbres, no sólo por rutina, sino por cálculo (su propio beneficio).

Esto explica la evolución fatalmente dolorosa de la humanidad. La ignorancia lo rodea al principio; así, ésta determina sus actos por sus consecuencias primeras, las únicas que, al principio, puede ver. Sólo con el tiempo aprende a tener en cuenta las otras. Dos maestros bien diferentes le enseñan esta lección: la experiencia y la previsión. La experiencia enseña de manera eficaz pero brutal. Nos instruye de todos los efectos de un acto haciéndonoslos sufrir, y no podemos evitar, a fuerza de quemarnos, terminar sabiendo que el fuego quema. Me gustaría, todo lo posible, sustituir este rudo doctor por otro más agradable: la previsión. Esto es por lo que voy a investigar las consecuencias de algunos fenómenos económicos, oponiendo a las que se ven las que no se ven”.

Hoy este tema está en el tapete internacional, a raíz de las multitudinarias manifestaciones que se realizaron el año pasado en Chile. Voy a explicarles cuáles han sido la consecuencia en Uruguay de esta experiencia:

• Las clases están integradas por unos 500 alumnos. Está de más decir, que en esas condiciones la mayoría no tiene dónde sentarse y es muy difícil poder seguir el desarrollo de las explicaciones del profesor.

• Como obviamente, es imposible dar clase con tal cantidad de alumnos, hay métodos indirectos para “cansar” a los jóvenes y hacerlos “desertar” de sus estudios. Entre los más conocidos, están las llamadas materias “filtro”. Es decir, en cada semestre hay un par de materias que son prácticamente imposible salvar. Son el terror de los alumnos y descorazona bastante. Hay que darlas varias veces y tener algo de “suerte” para ir superando esos escollos.

• El avance de la carrera no depende en forma estricta del esfuerzo individual. Por ejemplo, el programa dice que determinada carrera se completa en 5 años, pero por las razones anteriormente expuestas, no es así. En Uruguay, en la educación pública, universal y gratuita, un chico demora en promedio unos 9 años en poder recibirse. No importa cuánto se esfuerce. Se permite cursar únicamente 2 materias por semestre; si lo desea, puede rendir los exámenes de las otras materias pero tiene que estudiar por su cuenta (ergo, es muy difícil aprobarlas).

• Como la educación depende de los dineros públicos, cada vez que el parlamento discute el presupuesto nacional, hay continuas movilizaciones, paros y huelgas estudiantiles. La consecuencia, es que se pierden gran cantidad de días de clase y es frecuente, perder el año completo. Los que quieren seguir asistiendo a clase se ven impedidos de hacerlo.

• La universidad estatal está copada por la izquierda. Allí sólo se dan autores de esa tendencia (no existe la tal “universalidad” que supuestamente es el “alma” de una universidad). Por lo tanto, si no eres de izquierda, el ambiente es muy hostil.

• Como no hay que pagar, están los “profesionales” de la educación universitaria que “estudian” allí durante toda su vida. En realidad lo que hacen es acción política, es decir, captar jóvenes para esa ideología. Asimismo, muchos de los que quieren hacer carrera política, se “entrenan” en la universidad estatal, fungiendo de “delegados” estudiantiles.

• Como muy pocos pueden estar 8, 9, 10 o más años estudiando sin tener que trabajar, al final es pequeño el número de los que se reciben. Para dar una idea: por año se inscriben por carrera unos 5000 jóvenes y en promedio, sólo se reciben unos 35. En consecuencia, generalmente sólo los de familia adinerada pueden darse el lujo de estudiar en la universidad pública y recibirse. Entonces se da la paradoja, que toda la sociedad financia los estudios de los jóvenes que se sitúan en los estratos socioeconómicos más altos de la sociedad.

• El monopolio de la Universidad de la República “Creó una jaula intelectual que no permitió que las ideas se renovaran y por eso algunas de las estructuras ideológicas perimidas en el mundo continúan siendo influyentes en nuestro país. Nos cuesta romper con nuestros modelos de producción históricos; en parte porque fuimos prósperos gracias a ellos y en parte porque no ha habido una diversidad de ideas en libre competencia debido a ese monopolio en la producción del conocimiento que imperó durante un siglo”.

• La consecuencia ha sido que las carreras y los programas de estudio, no se han ido ajustando a los cambios de los tiempos y las innovaciones tecnológicas. En una palabra, las carreras son rígidas y los conocimientos que brindan no se adecúan a las necesidades del mundo actual. Esto crea grandes frustraciones a la hora de buscar trabajo o realizarse profesionalmente. Por lo tanto, los más capaces emigran. Eso significa que toda la sociedad uruguaya financia los estudios de los profesionales, que luego volcarán sus conocimientos en los países más ricos.

• En conclusión, vemos que hay una transferencia regresiva de la riqueza: de los sectores más pobres a los más ricos; y del Uruguay (un país subdesarrollado) hacia los países desarrollados.

En fin, estas son algunas de las más relevantes consecuencias que no se ven cuando se quiere atacar al “lucro” en la educación y se exige una educación “universal y gratuita”. Estos son los efectos que hay que preveer.
Quiero aclarar, que desde 1984 se permitió la existencia de universidades privadas en Uruguay. Las carreras allí son cortas y se ha diversificado la oferta de cursos, que están conectadas con el mundo real. Desde entonces, el número de alumnos que se inscriben en las universidades privadas, no hace más que crecer. Es mejor pagar, que haya competencia, porque así podemos elegir y exigir calidad.

Hana Fischer es analista política uruguaya.

Tomado de elcato.org