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POEMAS DE VLADIMIRO MAIACOVSKI

vladi

Poeta ruso de genio y de una inmensa sensibilidad humana. Porque creció bajo la influencia de las ideas políticas que bullían en los inicios del siglo pasado, fue un socialista militante que le cantó a la solidaridad y al alma colectiva como pocos lo han hecho. Seguro del valor del socialismo (en la Rusia de entonces todos creían en él) se dedicó con devoción a defender y difundir los valores de la revolución bolchevique. Murió, por supuesto, antes de comprobar las criminales consecuencias de aquellas ideas que pretendían tener la formula de la felicidad, como la interpretación última y verdadera de las leyes que rigen el desarrollo de las sociedades. (Nota del editor)


EL POETA Y EL OBRERO

Le gritan al poeta:
"Sería bueno verte trabajar en el taller.
¿Qué son los versos?
!Vaciedad pura!
Seguro que para trabajar te faltan agallas"

Para nosotros, tal vez,
el trabajo es nuestra ocupación preferida.
Yo también soy una fábrica,
y si no tengo chimeneas, tal vez,
sea peor para mí, más difícil, más doloroso.
Yo sé,
no gusta la frase hueca
!Hachar robles es hacer algo!
Y nosotros
¿Acaso no somos tallistas?
Pescar
es cosa por cierto muy respetable.
Sacan la red,
y en la red, merluzas.
Pero el trabajo del poeta es más respetable;
pescamos gente viva y no peces.
Trabajar ante el horno,
es trabajo penoso,
y más aún, templar en el yunque el hierro candente.
Pero ¿acaso alguien puede acusarnos de holgazanes?
nosotros pulimos las almas,
con la gubia del verso.
¿Quién vale más,
el poeta o el técnico,
que conquista para el mundo,
comodidades y objetos?
!Ambos!
Motores iguales son sus corazones.
El alma es el mismo móvil astuto.
Somos iguales,
camaradas de la masa obrera
proletarios de cuerpo y alma.
!Sólo juntos
remozaremos el universo,
y con marchas iremos cantando!
Nos cuidaremos del diluvio de las frases huecas.
!Al grano!
!El trabajo es vivo y bueno!
A los oradores vacuos, al molino,
!Que den vuelta la manija de sus discursos!

(Escrito en 1918)

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ADOLESCENTE

La juventud tiene mil ocupaciones.
Estudiamos gramática hasta atontarnos.
A mí, me echaron del quinto año,
y fui a apolillar a las cárceles de Moscú.
En nuestro pequeño mundo doméstico,
para las camas aparecen poetas de pelo rizado.
¿Qué saben estos líricos anémicos?
A mí, pues,
me enseñaron a amar en la cárcel.
¿Qué vale comparado con esto,
la tristeza del bosque de Boulogne?
¿Qué vale comparado con esto,
los suspiros ante un paisaje de mar?
Yo, pues,
me enamoré de la ventanilla de la cámara 103
Hay gente que mira el sol todos los días
y se enorgullece.
"No valen mucho sus rayos" -dicen
Pero yo, entonces,
por un rayito de sol amarillo,
reflejado sobre mi pared,
hubiera dado todo un mundo.

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MI PRIMERO DE MAYO

A todos,
los que marchan por las calles,
y detienen las máquinas y talleres.
A todos,
deseosos de llegar a nuestra fiesta,
con las espaldas cargadas de trabajo.
¡Salid el 1º de mayo
al primero de los Mayos!
Recibámoslo, camaradas
Con las voces entrelazadas de canciones.
¡Primavera mía,
derrite las nieves!
¡Yo soy el obrero,
este Mayo es mío!
¡Yo soy campesino,
este Mayo es mío!

A todos,
tendidos en las trincheras
esperando la muerte infinita:
a todos,
los que desde un blindado,
apuntan contra sus hermanos,
hoy es primero de Mayo.
Vayamos al encuentro,
del primero de los Mayos nuestros,
enlazando las manos proletarias.
¡Callad vuestro ladrido, morteros!
¡Silencio, ametralladoras!
¡Yo soy soldado,
este Mayo es mío!

A todos,
a las casas,
a las plazas,
a las calles,
encogidas por el hielo invernal.

A todos,
hambrientos de hambre,
estepas,
bosques,
campos.
¡Salid en este primero de Mayo!
¡Gloria al hombre fecundo!
¡Desbordaos en esta primavera!
¡Verdes campos, cantad!
¡Sonad sirenas y pitos!

¡Yo soy de hierro,
este Mayo es mío!
¡Yo soy la tierra,
este Mayo es mío!

(Escrito en 1918)

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MI VERSO MEJOR

El auditorio,
arroja sus preguntas hirientes,
insiste en un desafío de papeletas.
--“Camarada Maiacovski,
lea su verso mejor”.
Mientras pienso,
tomado de la mesa,
quizá leerles éste,
o tal vez aquel.
Mientras revivo,
mi viejo arsenal poético,
y muda, en silencio,
la sala espera,
el secretario del “Obrero del Norte”,
murmurándome,
al oído,
me dijo….
Y yo grité, saliéndome del tono poético,
más fuerte que las trompetas de Jericó.
“!Camaradas!
¡Los obreros,
y las tropas de Cantón,
tomaron Shangai!”
Como si al aplauso,
lo amasaran con la palma de la mano,
crecía la ovación,
crecía su fuerza.
Cinco,
diez,
quince minutos
aplaudía el salón.
Parecía una tormenta,
cubría leguas y leguas
en respuesta a todas las notas “Chamberlénicas”,
y rodaba hasta llegar a la China,
alejando los torpederos de Shangai.
No comparo la mejor jalea poética,
cualquiera de las más grandes glorias poéticas,
con la sencilla noticia del diario,
si a esta noticia,
la aplaude así nuestro auditorio.
¿Acaso hay ligazón de fuerza mayor
que la solidaridad
de la colmena obrera?
¡Aplaude,
obrero textil,
a los desconocidos,
y queridos
coolíes de la China!

(Escrito en 1925)

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MI UNIVERSIDAD

¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?
¡Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero oiga,
¿acaso usted podría cantar en dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
Con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con importantes
preguntas:
-¿Era o no roja la barba de Barbarosa?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con telaraña.
Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus historias.
Hablan de Dobroliúbov (para que lo odien)
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño,
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama
hacen sonar sus pobres ideas,
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua, eran mis interlocutoras,
con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la “sinhueso”.


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