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Pando, ejemplo de valor y dignidad

EDUARDO BOWLES

Pando es el departamento más joven, el más aislado del país, el más olvidado de todos y en estos tiempos de persecución política también se ha convertido en la región más castigada por el régimen gobernante. El primer prefecto defenestrado fue el de Pando, Leopoldo Fernández, quien está detenido ilegalmente y sin sentencia desde hace tres años y medio, tras un sangriento operativo orquestado por el Gobierno en la localidad de El Porvenir, en septiembre del 2008. Desde aquella vez, Pando ha tenido que soportar todos los vejámenes imaginables, incluso una dictadura a cargo de un jefe militar títere, de quien es hoy el amo y señor de ese departamento, donde toda su dirigencia cívica, parlamentarios y gran cantidad de opositores tuvieron que recurrir al exilio ante la amenaza del linchamiento judicial que se ha estado ejecutando contra miles de disidentes en todo el territorio.

Pese a todo, la población y la dirigencia pandina han estado demostrando una dignidad y una valentía que no se han visto en ningún otro punto del país, especialmente en Santa Cruz, donde el entreguismo ha sido la consigna de la denominada “institucionalidad”, cuyo objetivo es conseguir una indulgencia imposible de negociar cuando se ha perdido la libertad y la decencia.

Los pandinos nunca se han callado, han sido los parlamentarios de Pando los líderes de la defensa de la democracia en estos años y también han tenido que asumir ellos el papel que estaban llamados a desempeñar otros que supuestamente gozan de mayor respaldo popular, como son muchos de los representantes cruceños, por ejemplo. Acaba de solicitar asilo político el senador pandino Róger Pinto, luego de soportar una inhumana persecución que lo llevó al agotamiento, puesto que ya no disponía ni del tiempo, el dinero y las energías para enfrentar los 22 juicios que le habían iniciado diversos operadores del Gobierno, la mayoría por desacato, por denunciar hechos de abuso y corrupción y uno de ellos por derribar dos árboles en su propiedad ganadera. El senador tomó la decisión luego de conocer un acto de conspiración en su contra, cuya finalidad era acabar con su vida, luego de tantos intentos de acallarlo.

Pinto dedicaba casi todo su tiempo a visitar juzgados, atender interrogatorios y contestar demandas judiciales. Debía estar en dos sitios casi simultáneamente y de la misma forma atender sus labores parlamentarias en la Asamblea Legislativa, donde enfrentaba amenazas de procesamiento por incumplimiento de sus funciones. Tamaña locura solo se puede entender en el contexto de la construcción de una autocracia a la que muchos otros líderes se han entregado con suma facilidad y parecen decididos a claudicar, convencidos de salvar lo “mucho” que han acumulado, como si la libertad de los pandinos fuera poco. Los que –a su propio juicio-, tienen “mucho” por perder, deberían ser los principales defensores de la democracia y la libertad, porque cuando estas se hayan perdido, será muy fácil arrebatarles a todos, todo lo que tienen, con el agravante de que ya no habrá quién alce la voz por ellos.

Tomado de eldia.com.bo

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