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La crisis global de la política

ARMANDO MÉNDEZ 

Detrás de la grave crisis financiera de la Unión Europea se esconde la crisis política de larga data. La crisis financiera es consecuencia de un crónico y persistente incremento del gasto público para financiar el estado del bienestar, el mismo que fue financiado con deuda.

Recordemos que todo se vende y todo se compra a un precio. A esta ley económica no escapa la compra y la venta de deuda pública. Si continuamente los gobiernos se constituyen en demandantes de crédito, entonces continuamente sube su precio, lo cual ha sucedido durante el siglo XX y hasta ahora. Pero el aumento de la deuda pública no puede ser eterno, en algún momento la gente percibe que los estados están incrementando demasiada deuda que puede ser impagable. En este escenario los gobiernos comienzan a tener dificultades en conseguir recursos para financiar sus crecientes gastos desnudando sus debilidades. Viene la crisis fiscal.

Como nunca en el siglo XX se vio una expansión de la importancia de la política en la vida de los pueblos y con ello del gasto público. Con la irrupción, primero, de la revolución rusa que reinstauró y generalizó el rol dominante del Estado en la actividad económica, luego la grave depresión económica de 1930 y las dos guerras mundiales, el resultado fue un rol creciente de los estados y de la política. Esto generalizó el abundante uso de recursos económicos.

De manera paralela a la politización en el mundo se ha ido produciendo otro, el de la globalización económica y el de la transnacionalización. Los intereses de estos últimos han ido frenando al nacionalismo, obligando a los estados hacia la apertura económica, presionando para la firma de tratados de libre comercio que les permita trasladar sus recursos de un país a otro, y con esto ha mejorado el bienestar de la gente.

La globalización y la transnacionalización de la economía han permitido la transferencia del capital y de la tecnología de los países con altos salarios a países de bajos salarios, como los del Asia, iniciando el desarrollo económico más vertiginoso jamás registrado en la historia. Este proceso económico es el que explica la gran expansión de la economía desde mediados del siglo XX, que ha tenido que enfrentarse constantemente con los intereses políticos de las naciones que, por lo general, actúan como fuerzas retrógradas.

Alvin Toffler en su obra La revolución de la riqueza grafica muy bien lo indicado: mientras las empresas norteamericanas corren a 160 kilómetros por hora en la autopista del desarrollo, la burocracia norteamericana y sus reguladores son como elefantes en esta autopista, sólo alcanzan a un 40% de la velocidad de las empresas. Pero aun peor, las organizaciones internacionales son aún más lentas e ineficaces, tienen una velocidad que sólo alcanza al 6% de la velocidad de las empresas. Ni qué decir de las estructuras políticas de los países desarrollados, avanzan -si es que avanzan- a cinco kilómetros por hora. La política es un paquidermo en el mundo de la modernidad.

Estamos tan acostumbrados a la hipertrofia de las asambleas y reuniones de carácter internacional que no nos percatamos que es un mal gasto de recursos y de completa ineficacia. Se sabe que la burocracia internacional es bien remunerada, lo que no guarda relación con su baja productividad. Confirmando la crisis de la política, ya es común que paralelamente a las reuniones internacionales de los “políticos del establishment” se reúnan las “cumbres sociales” de los informales representantes de los “movimientos sociales”, precisamente para cuestionarles su legitimidad y eficiencia.

En la primera semana de mayo del año en curso se ha llevado a cabo en la ciudad de Cochabamba una de las tantas e inútiles asambleas de la OEA, la 42. Tenían 85 temas para el debate, que se supone algunos ameritaban resoluciones. ¿Tendrán alguna utilidad? Paralelamente se llevó a cabo una “cumbre social”. Lo destacable de esto es que el anfitrión de la asamblea de la OEA, el presidente Morales, confirmando la crisis global de la política, ha estado presente en las dos ineficaces reuniones: en la formal y en la informal.

Pero todo esto tiende acabar, la crisis de la deuda pública del mundo desarrollado obligará a la reducción del gasto público. Quienes muy pronto verán el efecto de la “austeridad”, que ineludiblemente se tiene que imponer en Europa, serán los organismos internacionales y sus insípidas reuniones que verán de pronto que ya no cuentan con las generosas contribuciones de los países desarrollados para su funcionamiento, que siempre fueron hechas con deuda pública, hoy hipertrofiada.

La crisis europea desnuda el verdadero problema y la solución: la política es la actividad dominantemente del privilegio, del enfrentamiento y del engaño; la economía es la actividad que explica la creación de riqueza, el desarrollo y el bienestar de los pueblos.

Armando Méndez Morales es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

Tomado de paginasiete.bo

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