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La decadencia de la política, no del capitalismo

ARMANDO MÉNDEZ 

La crisis económica europea que hoy preocupa al mundo tiene su origen en un descomunal endeudamiento público, consecuencia a su vez de un creciente gasto público, en las recientes décadas, no financiado con impuestos sino con deuda creciente. La causa de la crisis en última instancia es un mal manejo de la política fiscal durante mucho tiempo.

Pero veamos otras situaciones concretas que señalan con claridad que el mundo está enfrentando una verdadera decadencia de la política.

La campaña electoral en EEUU se está tornando caliente en la medida en que se aproxima la elección presidencial. Pero esto no es lo que importa. Lo que importa es el carácter que está tomando. Frente a una situación económica difícil que está atravesando EEUU, con una tasa alta de desempleo, los dos candidatos principales están abocando sus campañas publicitarias en desprestigiarse el uno contra el otro. The New York Times sostiene que se han concentrado en avisos publicitarios negativos en contra del adversario. Desde abril hasta julio del año en curso: “Obama presentó comerciales negativos 118,775 veces, en comparación con 58,128 veces de avisos positivos. Romney lanzó avisos negativos en 51,973 ocasiones, mientras presentó comerciales positivos 11,921 veces”. La campaña se reduce a buscar anular completamente al competidor, de mostrarlo como inaceptable para ocupar el cargo de Presidente de EEUU. ¿Así se debe hacer política?

Hace 20 años que Japón atraviesa un largo periodo de ralentización de su economía. Una razón que explica este fenómeno es que sus empresas se trasladaron al exterior porque se sintieron muy reguladas por el Gobierno, reduciendo el empleo en Japón. Otra razón es que su industria sofisticada se ha quedado rezagada, por ejemplo, frente a la alemana.

En Japón, prácticamente está prohibida la importación de arroz. Mantiene un inverosímil arancel del ¡778 por ciento! Pero el Gobierno está importando, sin el pago de aranceles, destinado al alimento del ganado, parte del cual “discretamente se desvía a los restaurantes”. La mayoría de las compañías de alimentos en Japón quisiera poder importar libremente arroz.

En un pequeño país, Singapur, pero un gigante en lo económico, convertido en un lugar de inmigración para los chinos porque ahí encuentran trabajo, se está presentando una xenofobia nacionalista de los singapurenses, que obliga a su Gobierno a poner trabas a esta inmigración, para tranquilizar a su población originaria que no quiere enfrentar la competencia de los trabajadores chinos. La gente no entiende, ni su Gobierno explica, que gracias al trabajo barato de los chinos Singapur se ha convertido en el segundo país exportador -el primero es Hong Kong- de bienes y servicios en el mundo; dos veces su PIB.

En Italia, que viene atravesando una grave crisis económica, cuyo Gobierno quiere poner en orden las finanzas regionales, ya que éstas pueden ingresar en incumplimiento de pagos por su caracterización de un desenfrenado gasto público en el pasado reciente, según The New York Times, muchos sicilianos ven con recelo a la clase política. La corrupción es alarmante. Un siciliano habría dicho: “Si robo un poco, me mandan a la cárcel; si robo mucho, me suben de puesto”.

En un Estado de India, un ministro ha dicho: “Si trabajas duro y pones tu corazón y alma en ello, entonces, tienes permitido robar algo”. El mensaje sería que los burócratas pueden robar un poco mientras trabajen duro. Lógicamente esto desató la protesta nacional en ese país.

¿Cómo nos afectan decisiones políticas de nuestros vecinos? Dos casos. Los exportadores de banano en Cochabamba han declarado, a mediados del mes de agosto, que entraron en crisis porque Argentina pone trabas a su importación. Lo grave de esto es que Argentina absorbe el 95 por ciento de dicha producción. Éste es el típico problema de intromisión estatal contra el comercio internacional. Hubo gente en Santa Cruz, en este mismo mes, que no pudo comprar cemento porque una cementera no pudo importar clinker para producir cemento, por alguna complicación que le generó la aduana brasileña.

Mientras por todas partes aparecen ejemplos que no dicen nada bien de la actividad política de los gobiernos, que por el contrario demuestran su papel de entorpecedor en contra de las actividades económicas y del buen funcionamiento de los mercados libres, estos siguen adelante, por la sencilla razón de que su comportamiento responde a las inexorables leyes de la economía.

Armando Méndez Morales es miembro de la Academia Boliviana de Ciencias Económicas.

Tomado de hoybolivia .com 

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