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Colquiri: el cooperativismo por dentro

IVÁN ARIAS 

El año 2009, dentro del cantón Colquiri, existían seis cooperativas mineras (26 de Febrero, 21 de Diciembre, Collpacota, Chicote Grande-La Aguada, Socavón Inca y Mesa y Plata). Con excepción de la Cooperativa 26 de Febrero, el resto de las cooperativas están organizadas en la Central de Cooperativas Mineras Colquiri (Cecomicol). Las características más importantes de estas cooperativas son:

La cooperativa más grande es la 26 de Febrero, que tiene más de 700 socios. La segunda es la cooperativa 21 de Diciembre, que tiene 291. El resto de las cooperativas son incipientes. De las seis, tres son cooperativas agromineras. Es decir, son cooperativas conformadas por personas cuya actividad central es la agricultura, pero que por el auge de la minería, también se dedican a esta actividad. Por la diferente composición social de las cooperativas, siempre se dan roces y problemas entre éstas.

Ninguna de las cooperativas tiene un plan estratégico del negocio de explotación de minerales. Por ello, no se conocen de manera documentada las metas financieras (ingresos, volúmenes de producción y venta, utilidades), situación de procesos administrativos internos y todo lo relacionado con el manejo de personal y socios. Los datos de ingresos son muy referenciales.

En cuanto a documentos relacionados con los procedimientos y las funciones, solamente tienen su estatuto orgánico y el reglamento interno. No tienen sistemas administrativos desarrollados, salvo unidades de contabilidad básica. Tampoco cuentan con balances de apertura, estados financieros, libro de diario, libro mayor, formularios de impuestos.

En el trabajo manda la informalidad en los horarios, esto porque al ser familiares los contratados, no existen horarios ni responsabilidades definidas. No usan implementos de seguridad industrial para el trabajo en interior mina, que en muchos casos ha dado lugar a intoxicaciones con gases nocivos o accidentes de trabajo.

Desde la perspectiva de la población no minera, la presencia de las cooperativas en Colquiri, si bien ha resuelto el tema del empleo y la generación de ingresos y a pesar de que los cooperativistas tienen ingresos interesantes, no se ha visto que como gremio hayan mejorado las condiciones de trabajo de sus socios ni mejorado las condiciones de vivienda ni del pueblo de Colquiri o los servicios que éste ofrece a los cooperativistas.

Un análisis aparte merece las condiciones de transparencia interna de este sistema cooperativo, tomando como ejemplo especialmente a la cooperativa 26 de Febrero. Los socios de la cooperativa para poder realizar su trabajo están organizados en cuadrillas, al mando de un “cabecilla”. Éste es el responsable de firmar los contratos, y muchas veces de transportar el mineral de la cuadrilla para su venta a la ciudad de Oruro. Para trabajar en la cooperativa se tienen dos modalidades de contratos. Los mecanizados, con uso de taladros, compresoras, agua, etc. Los que trabajan en este sistema tienen mayor productividad y por lo mismo mayores ingresos. De los 110 contratos que tiene esta cooperativa, 30% son mecanizados. Estos contratos son firmados por los cabecillas de cuadrillas. Muchas veces estos contratos son subarrendados, algunos fines de semana. Y también están los contratos no mecanizados o artesanales. El 70% de los contratos son en esta modalidad.

Es evidente que estas maneras de trabajar generan marcadas diferencias internas y vulneran el principal principio cooperativista: igualdad de los socios. Realizada la venta del mineral, el cabecilla es el responsable de realizar los descargos de la venta, tanto a la cuadrilla como a la cooperativa. No hay ningún control sobre el accionar del cabecilla. Por lo general, los cabecillas no realizan el trabajo de interior mina, siendo más bien una especie de administradores de los contratos. El problema es que varias cuadrillas están conformadas por familiares y esto dificulta un mejor control y fiscalización, lo que permite que le cabecilla haga y deshaga en la cuadrilla. Estos casos son los que permiten la presencia de “makunkus”, jóvenes en edad escolar que trabajan en interior mina.

El excesivo consumo de alcohol, en parte por la misma tradición de la actividad minera, particularmente la ch’alla al tío de la mina, para que proteja a los trabajadores; en parte, porque al haber ingresos mayores (por el auge de los precios), hay mayor libertad de consumir bebidas alcohólicas, especialmente cerveza. Este hábito es un problema entre trabajadores de la empresa y los cooperativistas: los trabajadores de la empresa tienen estrictos controles (pruebas de alcoholemia) respecto del consumo de bebidas, en cambio los cooperativistas no. Por este hecho hay una diferenciación entre ambos. Los trabajadores son los más afectados. La siguiente frase resume ese sentimiento: “'porque no tomamos, los cooperativistas no nos bajan de perros, esclavos y dominados”.

En suma, hoy el cooperativismo minero está muy lejos del modelo cooperativo en general, pues no tiene los mecanismos de control interno adecuados, como tampoco funciona como un emprendimiento económico con carácter rentable y sostenible. Es a este sector que el Gobierno del MAS les ha duplicado, mediante el Decreto 1369 de octubre de 2012, las cuadrículas, que ya no serán 8.790 sino que subirán a más de 16.000 (cada cuadrícula equivale a 25 hectáreas) a nivel nacional.

Iván Arias Durán es ciudadano de la República de Bolivia.

Tomado de paginasiete.bo

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