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La cara no rentista de los bolivianos

EDUARDO BOWLES

No hace falta hacer un censo para saber cómo somos los bolivianos en muchas facetas de nuestra vida. Tenemos la tendencia a interpretar la conducta de la gente en base al comportamiento de nuestros políticos, la actuación de los líderes de los sindicatos y movimientos sociales, que para el caso vienen a ser lo mismo, según las conclusiones que podemos sacar luego de siete años de gobierno de los supuestos “a-sistémicos”, aquellos que supuestamente encarnaban la alternativa a la política tradicional.

Es honesto decir que los medios de comunicación apenas reflejan una caricatura del boliviano, resaltando sus partes más grotescas y siempre con algún tinte negativo. En realidad muchos periodistas ni siquiera saben hablar con la gente porque viven persiguiendo funcionarios públicos, desde un simple policía hasta un ministro y a través de ellos nos muestran una realidad que tiene muy poco que ver con la vivencia de los bolivianos de a pie.

De esa forma es que por ejemplo, los “expertos” sacan la conclusión de que el boliviano común es rentista, llorón y pedigüeño, algo que tiene una base real, pero que en los hechos está demostrando una conducta patológica de las élites, que suelen utilizar a las masas para acaparar recursos públicos a su favor. Los ciudadanos saben muy bien que a ellos solo les llegan migajas y en consecuencia se han formado una mentalidad absolutamente liberal, cuentapropista, que lamentablemente es informal también porque, obviamente desconfía del Estado, no quiere que le meta la mano al bolsillo a cambio de casi nada.

Se dice que el boliviano es impuntual, pero nadie llega tarde a la misa, al cine o a un vuelo de avión, porque sabe que en esos lugares no esperan a los que llegan tarde. Si nos acostumbramos a demorarnos en la escuela es porque los profesores son impuntuales, en el trabajo el jefe no da el ejemplo y en las oficinas públicas da lo mismo hoy que mañana y la semana siguiente. En Bolivia los obreros tienen fama de flojos e improductivos, pero hay que verlos en Argentina, Brasil, España o Estados Unidos, donde son muy buscados por el cumplimiento, la confianza y la capacidad de esfuerzo. Nadie usa cinturón de seguridad al conducir, pero ni bien cruzan las fronteras nuestros compatriotas son los más cumplidos.

Hace falta recorrer los barrios, los pueblos, las viviendas de cada uno de los bolivianos, como se hizo en esta jornada histórica del censo, para darse cuenta que la población es muy distinta a la que pinta la televisión o muestran nuestros líderes con sus diagnósticos mal hechos, basados en percepciones oportunistas y parcializadas. Nadie duda que hay sectores de la población que están enfermos, como bien lo planteaba Alcides Arguedas en su obra cumbre, pero la mayoría está en otra. Todos quieren estudiar, salir profesionales, prosperar, sacar una maestría, abrir un negocio, mejorar la vida de sus hijos, valerse por sí mismos, vivir en paz con sus vecinos, respetar a los otros aunque sean diferentes y expresan muchos otros valores que habría que profundizar en lugar de quedarse en lo negativo.

En base a lo que sucedió este miércoles de censo. En base al comportamiento, la disciplina y la madurez demostrada por la población, pese a que durante las semanas previas todo parecía conducido al despeñadero, no cabe duda que nuestra gente se merece un mejor destino y sobre todo, mejores líderes.

Tomado de eldia.com.bo

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